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15 de septiembre: Nuestra Señora de los Dolores

Estos versos que elogian la libertad nos hacen pensar en la relación entre padres e hijos. Los padres sueñan, buscan y desean para sus hijos lo mejor. Pero estos últimos a veces no  coinciden con aquellos acerca de lo que es “mejor” y, penosamente, para alcanzar sus “metas”  no cuentan con la aprobación o el apoyo de los mayores.


¿María estaría de acuerdo con la cruz como lo mejor para Jesús? ¿Acaso su corazón de Madre  no iba a padecer junto al Hijo? Aunque había sido escogida por Dios, para María no fue fácil  desde el inicio comprender la amplitud del sentido de su misión como Madre del Salvador. El  Evangelio recoge la respuesta de Jesús, a los 12 años, luego de ser hallado en el templo: “¿Por qué me buscan? ¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” (Lc 2, 49). María no “entiende” aquellas palabras, las guarda y medita en su corazón. ¿Cuántas otras inquietudes habrán quedado en el silencio de la vida oculta en Nazaret?

Sin embargo, en Jesús, María custodiaba la realización de una promesa hecha al pueblo de Israel: el Mesías. ¿Se opondría a la misión de su Hijo Ella,  que años antes había pronunciado el “Hágase”? Es ahí donde la Virgen demuestra su gran capacidad de amar y de comprometerse con el plan de  Dios. No obstaculizó la misión de Cristo, sino que, incluso, pudiéramos decir que le “adelantó” la hora en Caná de Galilea. Su Sí es fiel hasta el final,  con todo lo que ello implica.

María nos enseña que amar es permitirle al otro ser y hacer sus elecciones, dejarlo recorrer su propio camino; en otras palabras, respetar su libertad. Nos muestra que amar es saber acompañar también en silencio. ¿Dónde está la fuente de ese amor? En la unión con Dios. Al estar en  sintonía con Él somos capaces de aceptar que sus tiempos y modos no son los nuestros, pero son “lo mejor” para nuestras vidas y la de los demás.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mc 10,46-52

“...tu fe te ha salvado”.

Lunes:  Rm 8,12-17 / Sal 68 (67) / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba...”.

Martes:   Rm 8,18-25 / Sal 126 (125) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza...”.

Miércoles:   Rm 8,26-30 / Sal 13 (12) / Lc 13,22-30

“...muchos tratarán de entrar y no lo lograrán”.

Jueves:   Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió a doce de ellos...”.

Viernes:   Rm 9,1-5 / Sal 147 (146-147) / Lc 14,1-6

“...se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:   Rm 11,1-2a.11-12.25-29 / Sal 94 (93) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será ensalzado”.

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