Reconciliarce

Existe un deseo de vivir reconciliado consigo mismo, con el entorno natural, con la sociedad, con la familia, con los amigos. Reconciliarse con Dios es también importante para los católicos. Sin embargo, este anhelo no lo percibimos en nuestras comunidades con la magnitud que deseamos, y de estar presente no se manifiesta explícitamente.

Reconciliarse es buscar la concordia y la amistad entre partes enemistadas, lo que supone reconocer las equivocaciones que han llevado a esa discordia, es decir, aceptar los errores. También requiere firmeza en los buenos propósitos; de nada sirve reconciliarnos si pensamos que vamos a volver a cometer los mismos errores o si tenemos poca confanza en que no volveremos a equivocarnos. Importante es tener percepción de nuestros actos negativos, lo que conocemos como conciencia de pecado. Lo anterior es uno de los factores que afectan la eficacia y alcance de la reconciliación. Si no creemos que algunas de nuestras acciones pueden ser malas, difícilmente recurriremos a la reconciliación.

Hasta aquí he presentado aspectos subjetivos que influyen en la valoración del sacramento de la Reconciliación, pero también existen aspectos objetivos que repercuten en la apreciación del mismo.

¿Formamos a los fieles para que la Reconciliación no sea un “mero trámite” en algunos momentos como son los tiempos litúrgicos fuertes? Existe una formación básica que aborda el sacramento de la Reconciliación, pero es insufciente, pues es sabido el desconocimiento promedio en nuestras comunidades. Es necesaria una formación teológica sólida para que los fieles reconozcan el valor de la Reconciliación. Invertimos cuantiosos recursos y tiempo en otros tipos de formación, que son necesarias, pero no lo hacemos igual con un sacramento que requiere madurez de la fe.

¿Existen espacios adecuados para acudir a este sacramento? En los templos tenemos el típico mueble llamado confesonario, que cumple su función en cuanto a la discreción y dignidad que requiere el sacramento. Desgraciadamente muchos confesonarios sirven de “depósitos” de cuanta cosa tenemos en el templo: las hojas de
Vida Cristiana a repartir, la cartera de la señora que cuida el templo, etc. Cuando el sacramento no tiene un lugar apropiado y digno, poco ayudamos al reconocimiento del mismo. Quizás para algunos pueda ser un espacio poco agradable, pero podemos ser creativos y buscar en nuestros templos un lugar que no sea muchas veces la indiscreción de los bancos.

¿Disponemos de suficientes ministros para poder reconciliarnos? La falta de vocaciones y las múltiples ocupaciones de los ministros del sacramento no ayudan a que existan posibilidades reales de acudir al mismo en muchas parroquias. La falta de tiempo atenta muchas veces contra un sacramento que necesita de sosiego. Una ayuda, que no sustituye el sacramento pero favorece su valorización, podría ser motivar en las eucaristías el momento del acto penitencial. Dedicar más tiempo y profundidad a este momento sería para muchos un preámbulo para acudir después al sacramento. Para otros, quizás sería una forma de reconciliarse de manera leve, pero en definitiva un paso previo al sacramento.

Ora con la Palabra

 

Domingo 28 de febrero: II de Cuaresma

 

Mc 9,2-10

“...Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo”.

Lunes:   Dn 9,4b-10 / Sal 79 (78) / Lc 6,36-38

“No juzguen y no serán juzgados…”.

Martes:   Is 1,10.16-20 / Sal 50 (49) / Mt 23,1-12

“...el que se rebaja, será puesto en alto”.

Miércoles:  Jr 18,18-20 / Sal 31 (30) / Mt 20,17-28

“...lo condenarán a muerte”.

Jueves:  Jr 17,5-10 / Sal 1 / Lc 16,19-31

“...no se convencerán”.

Viernes:  Gn 37,3-4.12-13.17-28 / Sal 105 (104) / Mt 21,33-43.45-46

“...tuvieron miedo del pueblo…”.

Sábado:  Mq 7,14-15.18-20 / Sal 103 (102) / Lc 15,1-3.11-32

“...estaba perdido y ha sido encontrado”.

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE

                      PARA MARZO DE 2021

  El Papa nos pide orar por: El Sacramento de la Reconciliación

Recemos para que vivamos el sacramento de la reconciliación

con renovada profundidad, para saborear la infnita misericordia de Dios.

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