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Primer lunes después de Pentecostés: Santa María, Madre de la Iglesia

La Virgen María ocupa un lugar crucial en nuestra fe y en nuestra experiencia cristiana; el sitio más destacado, luego de Jesucristo, a nivel de nuestra devoción. Pero a la mujer sencilla de Nazaret que un día dijo “Sí” a Dios, la hemos revestido a lo largo de la historia con diversos títulos. El más importante, que indica el mayor rango que humanamente se buscaba asignar, es el de Reina. El más expresivo, en cambio, es el de Madre de la Iglesia.

En la historia de la humanidad, la jerarquía mayor ha sido atribuida a los reyes. En el sentir contemporáneo, a una reina la relacionamos más con los libros de historia, cuentos infantiles, concursos de belleza o revistas del corazón. Sin embargo, a María la llamamos Reina porque es la madre de Cristo, Rey del Universo. Mas, su reinado no es de joyas, vestidos de lujo o palacios. Al contrario, se nos propone como el mejor ejemplo de sencillez en una mujer entregada plenamente al amor de Dios. Como madre, esposa, vecina y miembro de la Iglesia, su característica ha sido la disponibilidad, la escucha contemplativa y servicial, la fidelidad, el amor.

Como mujer, María asume un rol de liderazgo no común en las mujeres de entonces. Impulsa a Jesús a realizar su primer milagro en Caná. Lo sigue por algunos lugares donde iba a predicar el Reino. Está cercana en los momentos más difíciles del juicio y condena a muerte, permanecerá junto a la cruz de su Hijo, compartiendo con Él el momento cumbre de su entrega. Por último, en el libro de los Hechos aparece como discípula reunida con los apóstoles cuando irrumpe el Espíritu en Pentecostés. En esa primera comunidad cristiana ocupa un lugar singular. Es la Madre del Hijo de Dios, pero también la creyente que ha encarnado el amor con valentía y ha sostenido la fe -la suya y la de los apóstoles y discípulos- en los momentos más duros. Su probada actitud la coloca en este reconocimiento de su dignidad como la venerada por el pueblo de Dios, Madre de la Iglesia, el lunes siguiente a Pentecostés.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de julio: XV del Tiempo Ordinario

 

Mt 13,1-23

“...este da y produce fruto...”.

Lunes:  Is 1,10-17 / Sal 50 (49) / Mt 10,34 al 11,1

“El que los recibe a ustedes, me recibe a mí...”.

Martes:  Is 7,1-9 / Sal 48 (47) / Mt 11,20-24

“iHasta el abismo te hundirás!”.

Miércoles:  Is 10,5-7.13-16 / Sal 94 (93) / Mt 11,25-27

“Todo me lo ha entregado mi Padre...”.

Jueves:  Is 26,7-9.12.16-19 / Sal 102 (101) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Viernes:   Is 38,1-6.21-22.7-8 / Interl. Is 38 / Mt 12,1-8

“...quiero amor y no sacrifcios...”.

Sábado:   Miq 2,1-5 / Sal 10 (9) / Mt 12,14-21

“El los curó a todos...”.

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