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Envejeciendo y creciendo

Los mayores somos un significativo colectivo de personas que hemos finalizado, total o parcialmente, la actividad profesional y/o el cuidado de la familia, y estamos viviendo una nueva etapa de nuestra vida.

Una nueva etapa que nos impone, por un lado, la necesidad de adaptarnos a ciertos cambios biológicos, psicológicos y sociales, y, por otro, nos brinda la posibilidad y el derecho, ante la familia y la sociedad, de construirnos un nuevo proyecto de vida. Este debe fundamentarse en una sólida actitud positiva frente a la vejez; optimismo que debe encontrar el adulto mayor en un propósito central, en una tarea vital que le brinde sentido, orientación y significado, y que se caracterice, sobre todo, por la esperanza y el servicio a los demás.

Afirmaba el filósofo existencialista francés Jean Paul Sartre que “la vida no tiene significado cuando pierdes la ilusión de ser eterno”. Ahora bien, ¿qué nos puede regalar esa ilusión y hacerla realidad? Solo la fe cristiana. Porque la verdadera esperanza en una vida plena y que no termina con la muerte solamente nos la regala nuestro Señor Jesucristo.

Como bien escribiera Anselm Grün en su libro, El Arte de Envejecer: “el anciano del salmo 71 puede aceptarse porque ve su vida a la luz de la divinidad. Toda su vida supo que Dios lo acompañaba y hasta el día de hoy alaba sus maravillas… es un milagro que cada mañana pueda levantarse, que pueda ver y oír, gustar y palpar tiernamente a las personas y las cosas. Tiene la mirada abierta para lo ma-ravilloso que Dios obra en su Creación”.

En esa íntima convicción del amor de Dios, reside la verdadera esencia de una vejez feliz. Y en el salmo 23 encontramos: “El Señor es mi pastor, nada me falta…Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”.

Sin duda alguna, las personas mayores estamos más cerca del paso definitivo a la plenitud del amor de Dios.

Ora con la Palabra

 

Domingo 16 de agosto: XX del Tiempo Ordinario

 

Mt 15,21-28

“...Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.

Lunes:  Ez24,15-24 / Interlec. Dt 32 / Mt 19,16-22

“...vende lo que tienes...”.

Martes:  Ez 28,1-10 / Interlec. Dt 32 / Mt 19,23-30

“...recibirá cien veces más...”.

Miércoles:  Ez 34,1-11 / Sal 23 (22) / Mt 20,1-16

“...los últimos serán los primeros...”.

Jueves:  Ez 36,23-28 / Sal 51 (50) / Mt 22,1-14

“...muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

Viernes:   Ez 37,1-14 / Sal 107 (106) / Mt 22,34-40

““...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...”.

Sábado: Santa María Reina, Virgen
Is 9,1-3.5-6 / Sal 113 (112) / Lc 1,26-38

“Aquí tienes a la sierva del Señor”.

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