1a-tesalonicenses


Conoce la biblia

Esta carta de Pablo tiene la peculiaridad de ser el primer escrito de todo el Nuevo Testamento. La hizo desde Corinto en el año 51. Solo veinte años después se escribiría el primer evangelio. Tesalónica era una ciudad populosa, capital de Macedonia. Vivía allí una comunidad judía en cuya sinagoga predicó Pablo en su  segundo viaje apostólico. El tiempo de evangelización duró tres o cuatro meses, pero fue suficiente para dejar constituida una comunidad cristiana elementalmente organizada. Al haber muerto algunos de sus miembros, una doble pregunta se les hizo apremiante: ¿qué va a ser de los difuntos a los que sorprendió la muerte antes de la venida gloriosa del Señor?, ¿cuándo tendrá lugar esa venida?

Pablo considera necesario darles una respuesta y, ante la imposibilidad de visitarlos personalmente, decide escribirles desde Corinto. Tiene esta carta el encanto de ofrecernos la descripción viva de una comunidad joven y el mérito de anunciar una buena parte de los temas que irá desarrollando con más amplitud en sus escritos posteriores.

Se abre con un saludo y una acción de gracias por la vitalidad de su fe, por el esfuerzo de su amor y por la firme esperanza que han puesto en Jesucristo. Esta acción de gracias se prolonga a lo largo de los tres primeros capítulos. Y no es extraño, pues Pablo había enviado a Tesalónica desde Atenas a su discípulo  Timoteo, quien regresó meses más tarde trayéndole buenas noticias en general, pero comunicándole también la existencia de algunos problemas concretos.

La segunda parte es prácticamente una exhortación a vivir teniendo en cuenta la segunda venida del Señor, que no solo afecta a los que ya murieron, sino que se ha de convertir en un estímulo para los que todavía viven, agradando al Señor en todo. Sobre los difuntos, les dice que si Cristo murió y resucitó, también Dios llevará consigo a los que han muerto unidos a Jesús. En cuanto al día de la venida del Señor lo importante es vivir en actitud de preparación y vigilancia.

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

Otras noticias

 

Suscripción al boletín