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20 de julio: Festividad de San Elías, profeta

“Apareció como un fuego el profeta Elías, cuya palabra quemaba como antorcha.” (Eclo 48,1-12). Su nombre (en hebreo Èl-iYahu) significa ´ Yahveh es mi Dios´. En la cima del Monte Carmelo retó a los adoradores del falso dios Baal, al mostrarles que solo hay un Dios verdadero (1Re, 18). Tras realizar numerosos prodigios, descubrió en la soledad del Monte Horeb a Dios presente en la brisa suave de la oración silenciosa (1Re,19). Terminada su misión, fue misteriosamenteraptado en un carro de fuego (2 Re, 2). En la transfiguración de Jesús, Elías apareció como profeta para testimoniar que toda la Escritura anuncia a Cristo (Lc 9, 28 – 36).

Los ermitaños latinos del Monte Carmelo -los Carmelitas- lo tomaron como padre y modelo de su consagración. Se insertaron en la tradición monástica oriental, inspirada en los ejemplos de Elías y sus discípulos. La Biblia recoge dos expresiones suyas, que se repiten como lemas de su existencia: “Vive Dios,  n cuya presencia estoy” (1Re 17, 1) y “Me consumo de celo por la causa del Señor” (1Re 19, 10). La orden carmelitana vio en ellas la mejor descripción del doble espíritu heredado de “su padre” San Elías: la contemplacióny el apostolado.

¿Qué nos dice a nosotros este profeta hoy? La prioridad del primer mandamiento: adorar y amar solo a Dios. Donde Dios desaparece, el hombre cae en la esclavitud de idolatrías, como han mostrado los regímenes totalitarios, y también diversas formas de nihilismo. Frente a tantas manifestaciones de religiosidad sincrética, Elías nos vuelve a dirigir su palabra de fuego, valiente y radical: “¿Hasta cuándo van a estar cojeando con los dos pies? Si Yahveh es el Dios verdadero, síganle; si es Baal, sigan a éste” y, seguramente, hará en favor de nuestra gente confundida aquella misma plegaria suya en el Monte Carmelo: “Que todo este pueblo sepa que tú, Yahveh, eres Dios que conviertes sus corazones.” (1 Re, 17, 37).

Por último, los episodios de la vida de Elías nos hablan de un hombre del Antiguo Testamento, que se sitúa y procede hacia sus contrarios, religiosos o políticos, con gran severidad, actitud superada por la visión que nos vino a aportar Jesucristo, para quien la justicia no se puede desvincular del amor y de la misericordia.

Ora con la Palabra

 

Domingo 20 de octubre: XXIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 18,1-8

“Yo les aseguro que les hará justicia...”.

Lunes: Rm 4,20-25 / Interl. Lc 1,69-75 / Lc 12,13-21

“...Eviten (…) toda clase de codicia...”.

Martes:  Rm 5,12.15b.17-19.20b-21 / Sal 40 (39) / Lc 12,35-38

“...¡felices esos sirvientes!”.

Miércoles:  Rm 6,12-18 / Sal 124 (123) Lc 12,39-48

“...llegará a la hora que menos esperan”.

Jueves:  Rm 6,19-23 / Sal 1 / Lc 12,49-53

“...más bien he venido a traer división”.

Viernes:  Rm 7,18-25a / Sal 119 (118) / Lc 12,54-59

“...no saldrás de allí...”.

Sábado: Rm 8,1-11 / Sal 24 (23) / Lc 13,1-9

“Puede ser que así dé fruto...”.

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