Alegría-de-la-Pascua



Si le preguntásemos a un cristiano qué signifca la Pascua, en su respuesta siempre estará presente la palabra alegría o algún sinónimo de esta. Es que se alegran los  corazones porque Jesús resucitó y permanece así para siempre, entre nosotros, en comunión. ¿Se ha preguntado usted si es portador de esa alegría más allá de su  comunidad, en su casa, su barrio o su centro laboral?

Todos podemos ser portadores de la alegría de la Pascua, pero hemos de comenzar a trabajar en nuestro interior. Es la Pascua momento de revisarnos por dentro y reformar las actitudes que impiden tener una relación más fuerte con Dios. Si, por el contrario, esas actitudes son positivas, es tiempo de fortalecerlas. Hay que  estar abiertos a perdonar, escuchar y a ser buenas personas; estos rasgos han de  distinguirnos siempre, pero, sobre todo, en este período. No se puede tener miedo a hablar de Jesús, aun sabiendo que no siempre las palabras son sufcientes o necesarias.

Ha de llevarse un mensaje de esperanza, amor, aliento a esas personas que lo necesiten. A veces tan solo ofreciendo una sonrisa, una palabra, o un simple abrazo se puede transmitir mucho y cambiar la vida de alguien. Si la cotidianidad nos ha hecho pasar esto de largo, es hora de retomarlo. No olvidemos que somos servidores de Jesús en cualquier lugar. Y justamente porque creemos en Él, debemos dejar que Él trabaje en nosotros.

Vivimos en un país en que solo de referencia conocemos tradiciones pascuales de otros países -flores, el vía lucis (camino de la luz, en lugar del vía crucis), conejos de Pascua. Quizás alguna vez nos hayamos hecho eco de tales costumbres, pero no se integran al centro de esta importante celebración cristiana que es la Pascua. Han de mirarse como instrumentos para contagiar alegría y adornar fuera;  porque dentro no se necesita más que estar feliz, ya que Jesús resucitó para siempre. Solo así seremos portadores de la alegría de la Pascua.

Ora con la Palabra

 

Domingo 19 de mayo: V de Pascua

 

Jn 13,31-33a.34-35

“Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros”.

Lunes:  Hch 14,5-18 / Sal 115 (113B) / Jn 14,21-26

“...les enseñará todas las cosas...”

Martes:  Hch 14,19-28 / Sal 145 (144) / Jn 14,27-31a

“...Les dejo la paz, les doy mi paz”

Miércoles:  Hch 15,1-6 / Sal 122 (121) / Jn 15,1-8

“Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador”.

Jueves:  Hch 15,7-21 / Sal 96 (95) / Jn 15,9-11

“...permanecerán en mi amor...”.

Viernes:  Hch 15,22-31 / Sal 57 (56) / Jn 15,12-17

“Ámense los unos a los otros...”.

Sábado : Hch 16,1-10 / Sal 100 (99) / Jn 15,18-21

“...ustedes no son del mundo, sino que yo los elegí...”

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