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El evangelio es la puerta para entrar en el camino de la verdad y de la vida, para comprender las bondades de nuestro Salvador, ese que siempre espera por nosotros incondicionalmente. Sus premisas son la oración, la adoración eucarística, la fe, el servicio y el testimonio.

La fe no es más que esa fuerza indestructible que necesitamos para vencer en tiempos de turbulencias, la prueba fundamental que los cristianos asimilamos: ¿cómo contribuye la fe a que personas con discapacidad, como es mi caso, alcancemos nuestro propósito en la vida?

Evidentemente ese hálito constituye el precepto fundamental para conseguir las metas que me propongo y me sigo proponiendo, así como para soportar las vicisitudes y las barreras humanas alimentadas por los prejuicios y la incomprensión. A veces dudo, pero ahí está, dispuesto a escucharnos, Jesús nuestro Señor. A Él, por medio de la oración, puedo pedir fuerza para no rendirme y rebasar las pruebas del camino. Cualquier dificultad me hace comprender que no hay mal que por bien no venga y que a veces tenemos que remontar momentos difíciles para crecer como seres humanos.

Desde que conocí a Dios en el año 2004, comenzando mi licenciatura en derecho, mi vida cambió para siempre. Gracias a Él pude afrontar todas las tormentas que se me presentaron, porque contaba con la ventaja invulnerable de tener a mi favor la fe. Por ello, quiero transmitir a todos los que sufren, tanto de cuerpo como de espíritu, a los que no han podido materializar sus sueños y a los jóvenes, que creen que todo está perdido y les queda poco por hacer en su cotidianidad, que se detengan y piensen en la gracia de poder contar con un Dios que nos ama y que los invita a jugar en el equipo de Jesús. Un Dios que incita a defender la vida, a luchar por lograr nuestros propósitos, a caminar por los senderos del bien común y de la fe, porque esa sí que mueve montañas. Y claro, nunca olvidemos que lo elemental es decidir creer, a pesar de lo negra que pueda ser la oscuridad.

Como maestro en leyes, les digo que la disposición legal más justa que existe es la ley de Dios; a esa nos debemos. Entonces, como la meta mayor, invito a todos los videntes a ayudar al prójimo y a perdonar setenta veces siete.

Ora con la Palabra

 

Domingo 20 de octubre: XXIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 18,1-8

“Yo les aseguro que les hará justicia...”.

Lunes: Rm 4,20-25 / Interl. Lc 1,69-75 / Lc 12,13-21

“...Eviten (…) toda clase de codicia...”.

Martes:  Rm 5,12.15b.17-19.20b-21 / Sal 40 (39) / Lc 12,35-38

“...¡felices esos sirvientes!”.

Miércoles:  Rm 6,12-18 / Sal 124 (123) Lc 12,39-48

“...llegará a la hora que menos esperan”.

Jueves:  Rm 6,19-23 / Sal 1 / Lc 12,49-53

“...más bien he venido a traer división”.

Viernes:  Rm 7,18-25a / Sal 119 (118) / Lc 12,54-59

“...no saldrás de allí...”.

Sábado: Rm 8,1-11 / Sal 24 (23) / Lc 13,1-9

“Puede ser que así dé fruto...”.

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