laPreviaWeb

Existen historias que merecen ser contadas para que no sean repetidas. Creo que esta es una de ellas. Hace 11 años fui llamado a cumplir con el servicio militar obligatorio y, como casi todos los jóvenes cubanos, pasé la previa. Estoy seguro de que ninguno de los integrantes de mi escuadra pensó el primer día que un testimonio de fe pudiera cambiar de un momento a otro la ecología del grupo. Su protagonista resultó ser Lorenzo, pastor de una Iglesia protestante de Juragua, en Cienfuegos. Este joven tendría unos 25 años y ya era padre de familia con dos hijos. Me contó que se asombró cuando lo llamaron, pero le aseguraron que solo tendría que pasar la previa, ya que de su trabajo dependía el sustento familiar.

El joven pastor era de los que más trabajaban en el pelotón y, además, sin quejarse. Casi todos los días se pasaba al menos media hora leyendo la Biblia en el único lugar autorizado, la oficina de la política de la unidad. Todo transcurría dentro de lo habitual, hasta el día en que nos entregaron a cada uno un fusil AK para iniciar las prácticas de tiro.

De pronto, y por primera vez desde que comenzó aquella concentración, Lorenzo se negó a cumplir una orden. No hubo humano que le hiciera portar el arma; incluso un coronel se lo pidió con algunas amenazas, pero él dijo que su compromiso con Jesús le impedía practicar para matar al prójimo. A partir de ese momento su vida se volvió, literalmente, un infierno.

El pelotón fue advertido de que si nuestro compañero proseguía con su actitud, se podía tomar como medida la cancelación de los pases o el reinicio del tiempo de previa. Esto provocó que algunos oportunistas intentaran hostigarlo, para hacerlo “reflexionar.” Incluso hubo hasta quien estuvo a punto de golpearlo, acusándolo de traidor; siempre me pregunté: “¿de qué?”.

Aunque nunca me presté para ese tipo de actos de repudio, tampoco lo defendí y, siendo honesto, tenía miedo de pasar por su calvario. Una vez, en medio de la crisis, le dije: “Hermano, ¿por qué no tomas el arma y le haces dos o tres tiros al muñeco? Mira, yo soy cristiano igual que tú, pero no siento que dispararle a una figura de hierro sea cometer un pecado.” Entonces ese campesino, que casi siempre hablaba poco, me dijo: “Pernús, hoy me piden que rompa mis principios y porte un arma para entrenar, pero mañana me dicen que haga lo mismo y mate a otros hombres en una guerra y, si ahora digo que sí, entonces lo tendré que hacer siempre.” Su fidelidad a su conciencia ante Dios era inconmovible; quizás una vez lo vi con los ojos aguados de impotencia, pero nunca le recriminó a nadie por lo que le hacían. Me gusta pensar que le pedía a Jesús por el alma de aquellos que lo maltrataban. Al final nunca disparó, y soy testigo de que con su testimonio evangelizó a muchos en la previa.

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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