Buena-sombra-lo-cobijaCuando mis vecinos llegaron al barrio los recibimos con hospitalidad, como nuestros patios casi se comunicaban intentamos tener las mejores relaciones con ellos. Sobre la base del respeto todo estaba muy bien hasta que mis vecinos se hicieron de unos bafles y comenzaron tener fiestas familiares todos los días desde la mañana y hasta la noche. Primero cuando comenzaban a poner la música tratábamos de respirar profundo y ponernos en el zapato ajeno... un día de fiesta lo tiene cualquiera, no les vamos a echar a perder su jornada... El asunto está en que tampoco ellos tenían derecho de echarnos a perder la nuestra.

Ha llegado un momento en que incluso no podemos conversar en casa a no ser a gritos porque el volumen se hace insostenible. A mí me encanta la música, la disfruto y hasta me ayuda a trabajar, pero cada persona es diferente y nadie tiene el derecho de imponer sus gustos y preferencias a los demás y menos de invadir con ellos su espacio privado.

 

Cuando llego a casa, siempre tengo trabajo que hacer, cosas en las que pensar y tareas en el hogar, el cansancio del exterior es más que suficiente para que uno llegue rogando un poco de paz. La paz incluye un poco de silencio. El ruido es también una forma de violencia. No a todos los jóvenes le gusta la misma música, y sin emitir juicios de calidad, hay cosas que uno decide o no escuchar.

 

Es triste pero a veces cierto que la violencia engendra violencia, hace unos días al llegar a casa luego de haber atravesado la ciudad en un apretado ómnibus, mis queridos vecinos, como ya es habitual, tenían puesta su música invasiva, y como si fuera poco en la casa del frente alguien celebraba un cumpleaños: sacaron otros bafles y... más música. La sala de mi casa sonaba como el Estadio Latinoamericano en plena temporada y se podrán imaginar que después de haber trabajado todo el día no me quedaban muchas ganas de bailar.

 

Mi familia y yo parecíamos molestarnos entre nosotros por cualquier cosa, luego de 20 minutos me eché a llorar y les pedí disculpas. No había motivos para estar disgustados excepto que no podíamos sino gritar para escucharnos y la falta de sosiego nos hacía irritables. Ser tolerantes no significa no tomar parte de lo que nos rodea. Tenemos todo el derecho de defender nuestro espacio personal y nuestra tranquilidad. Hacer oídos sordos a las indisciplinas sociales no es actuar correctamente sino ser cómplices de su multiplicación.

 

El ruido no es sinónimo de música, ni una fiesta sinónimo de ruido. Es necesario aprender a convivir sin dañar a los demás, intentar mostrarle a los otros el buen camino no con sus métodos sino con la paciencia, la reconciliación y el perdón. Así que tengo fe en que funcione mi petición: queridos vecinos, no tengo nada en contra de ustedes sino en contra del volumen de su música. ¿Podrían bajarla por favor?.

 

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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