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“Que Cuba se abra al mundo. Que el mundo se abra a Cuba”
Visita de San Juan Pablo II, 21-25 enero de 1998

“En el principio existía la palabra”, con esta frase comenzaba siempre sus conferencias la poetisa camagüeyana Dulce María Loynaz. Este artículo quiere hablar de una palabra que ha marcado a millones de vidas: Cuba. Mi deseo es discernir si, a 20 años de la visita de san Juan Pablo II a nuestra nación, hemos logrado “abrirnos al mundo”.

 Lo más difícil de irse a otro lugar es la despedida. Soy cienfueguero y, cada vez que voy a mi pueblo, con tantos recuerdos imborrables, siento una lluvia en mi alma al tener que despedirme de muchas personas queridas. Considero que un paso trascendental es lograr un diálogo profundo con todos los cubanos, incluyendo los de la diáspora. Somos una sola nación y debemos emitir como pueblo un discurso que promueva la amistad social. Para que todo funcione desde la transparencia, es vital empezar articulando y dando voz a diferentes representantes de la sociedad civil, sobre todo, aquellos que puedan generar un pensamiento más plural.   

 En las últimas dos décadas hemos avanzado y retrocedido. No verlo así es ocultar la realidad para construir un discurso apologético de nuestra historia. En ese período el momento de mayor crecimiento económico se produjo al establecer una esperanzadora relación comercial con Venezuela, con ingresos similares a los que recibimos de la URSS en 1985. Lo triste es que seguimos sin aprender la lección y no hemos sido capaces de aprovechar estas experiencias de auge para desarrollar renglones de nuestra economía. Esos errores se pagaron, ya lo sabemos, con un periodo especial que marcó a mi generación.  

Por otro lado, como parte de la intención de “abrirnos al mundo” podemos optar por acciones más allá del publicitado Mariel. Por ejemplo, no es para nadie un secreto los métodos de producción capitalista utilizados por paradigmas del socialismo como China o Vietnam, países en los que, sin renunciar a su ideología, crecen los indicadores económicos de modo sistemático. Sin embargo, nosotros no acabamos de revolucionar nuestro sistema productivo y, por ende, seguimos sin lograr una subida del producto interno bruto.

 No quisiera terminar mi artículo sin hacer reflexionar a los laicos, que son el pulmón de la sociedad según el Vaticano II. Es necesario asumir que cada pueblo tiene la realidad que merece, pero no pidan sacrificios estoicos a mi generación. De mi grupo de jóvenes en Monserrat-Cienfuegos, solo permanecemos dos en Cuba y éramos entre 15 y 20. Esta situación se repite en cada comunidad, familia o barrio del país. Una sociedad que pierde a sus mentes más jóvenes y brillantes, debe al menos preguntarse, qué pasa. Las dos visitas del Papa Francisco, han sido uno de los acontecimientos de mayor apertura de nuestra nación al mundo. Él nos regaló a los laicos cubanos dos mensajes importantes y poco debatidos en nuestros espacio de formación: “La Iglesia no sirve a ideologías, sino a personas” y “La Iglesia no está para cambiar gobiernos, sino para cambiar corazones ”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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