anaBetancourtWebLa mujer es imprescindible para la existencia humana, no solo como compañía sino como esencia y potencia del humano devenir, concha protectora de la perla familiar y acicate en las dificultades.

Nuestro país, que tantos dones ha recibido del Señor, tiene en sus mujeres una muestra de cuánto han representado como protagonistas a través de nuestra historia y de cuánto ha valido su inspirador quehacer.

Un valioso ejemplo es Ana María de la Soledad Betancourt Agramonte, nacida en Camagüey el 14 de diciembre de 1832 y pronto convertida en una joven bella e inteligente. Tuvo una educación pragmática, como correspondía a su clase, época y género.

En 1854 contrajo matrimonio con el abogado Ignacio Mora de la Pera. Ambos abrazaron el independentismo y él, días después de iniciada la Guerra de los Diez Años, se unió a Ignacio Agramonte para luchar por la libertad de Cuba. Su esposa le pidió: “Por ti y por mí, lucha por la libertad. Úneme a tu destino, empléame en algo, deseo como tú consagrar la vida a la lucha por mi patria.”

Pronto Ana tuvo que partir hacia la manigua a compartir las vicisitudes con su esposo. Al año siguiente, y ante la imposibilidad de tomar parte en la Asamblea Constitucional de Guáimaro por su condición de mujer, al terminar las sesiones de debates, recordó en un mitin la necesidad de igualar en derechos a la mujer.

En julio de 1871 fueron capturados; Ana logró que Mora escapara, mas fue detenida y la llevaron hasta Jobabo. La mantuvieron tres meses a la intemperie bajo una ceiba, para atraer al coronel Mora (a quien no volvería a ver). Conminada a que le escribiera pidiéndole la rendición, contestó: “Prefiero ser la viuda de un hombre de honor a ser la esposa de un hombre sin dignidad y mancillado”. Soportó hasta el simulacro de un fusilamiento por negarse a escribir a su compañero para que se entregara.   

Enferma de tifus fue liberada en octubre de 1871 y llegó a La Habana, desde donde salió hacia México. Poco después se radicó en Nueva York. En 1872 visitó al presidente de EUA, Ulises Grant, para que intercediera a favor del indulto de los estudiantes de medicina, aún presos por los sucesos de noviembre de 1871. Se trasladó a Kingston, Jamaica, donde en noviembre de 1875 recibió la noticia del fusilamiento de su esposo.

En 1882 regresó a Nueva York y en 1889 viajó a Madrid. Allí comenzó a copiar el diario de Ignacio que se mantenía en posesión del general de brigada español Juan Ampudia, además de continuar la recogida de fondos para ayudar a la lucha.

Con 69 años contrajo una bronconeumonía que le produjo la muerte en aquella ciudad el 7 de febrero de 1901, justo en los preparativos para volver a Cuba. Sus cenizas regresaron definitivamente a la patria en 1968, al conmemorarse el centenario de la Guerra de los Diez Años y hoy reposan en Guáimaro.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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