emfermoTerminalWebAbraham Lincoln acuñó una frase sabia: "Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años". Siempre he pensado que la muerte no constituye el problema real de las personas, sino que lo verdaderamente importante es llenar de contenido positivo la vida que poseemos.

En autores modernos como Dostoievski encontramos reiteradamente el tema de la muerte y el suicidio, pero en el fondo el problema está en una sociedad donde priman, no solo la descomposición del orden social, sino también el deterioro de los valores morales. Como consecuencia, aun cuando muerte y suicidio son tan antiguos como la humanidad, en la Modernidad son motivo de reflexión seria.

Según la Real Academia Española, eutanasia es la "acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él"; mientras que el llamado "suicidio asistido" les proporciona los medios necesarios para poner fin a sus días, de manera que es "el propio paciente quien activa el mecanismo que termina con su vida".

En el extremo opuesto se sitúa la "distanasia" o "ensañamiento terapéutico", es decir, el recurso a medios desproporcionados para prolongar artificial e innecesariamente la vida del paciente. Suspender estas terapias no implica eutanasia, sino aceptar la inevitabilidad de la muerte del individuo.

Es interesante conocer las enseñanzas de la Iglesia en este sentido, y algunas de las razones que se ofrecen para justificar sus planteamientos. Una característica de nuestra sociedad es su tendencia a relativizar la verdad y la objetividad. Un ejemplo de ello lo constituye la promoción del suicidio asistido y la eutanasia a través de términos ambiguos o eufemísticos, como "derecho a morir", "matar por misericordia", o una falsa interpretación de la expresión "morir con dignidad".

Resulta comprensible que en una época en que la persona está acostumbrada a hablar de "sus derechos" y donde se "inventan" tantos otros, algunos lectores se sientan incómodos ante esta afirmación. Pero el mal no reconoce derechos. "Matar por misericordia" es un eufemismo para hacer más "tolerable" la idea de asesinar a otro ser humano con el pretexto de aliviarle sus sufrimientos.

La verdadera misericordia consiste en saber sufrir con el otro, en ayudarlo en sus necesidades y en hacerlo palpable, amándolo, con valor infinito como persona. Así lo subrayó San Juan Pablo II, cuando expresó que quitar la vida a un enfermo "debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante 'perversión'. En efecto, la verdadera "compasión" nos hace solidarios con el dolor ajeno sin eliminar a la persona cuyo sufrimiento no puede soportar.

Como médico y cristiano, considero que lo verdaderamente importante para los enfermos terminales es "encontrar un sentido al sufrimiento humano", al igual que Cristo ofreció sus propios sufrimientos por toda la humanidad.

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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