derrotarVenganzaWebLos extremos a que puede llegar la violencia se exponen dramáticamente en la Orestíada, de Esquilo. Orestes, instigado por su hermana Electra y el dios Apolo, mata a la madre, Climtemnestra, la cual había asesinado a su esposo Agamenón, quien a su vez había sacrificado a su hija Ifigenia. Orestes es llevado ante un tribunal en el cual los dioses y los ciudadanos decidirán si había otro modo de responder al crimen que no fuera con otro crimen. Acuerdan que la venganza, además de estar sujeta a la ley, debe considerar la humanidad del victimario. De hecho, las Erinias, defensoras de la ley y personificación de la venganza, perseguían a Orestes sin considerar las circunstancias del matricidio y no le liberan hasta que los dioses las convencen de aceptar el veredicto que no condena a Orestes a la pena máxima. Ellas se convierten entonces en Euménides, simpatizantes de la bondad.

Así presenta Esquilo el paso de la justicia-mediante-la-venganza-personal a la justicia-mediante -el-juicio, el paso de la sociedad gobernada por los instintos a la sociedad regida por la razón. La justicia se decide por un tribunal que representa a los ciudadanos y sus valores. Para Esquilo, el Perdón puede ir combinado con retribución, siempre y cuando esta no sea ejercicio de justicia "abstracta", sino medio para reintegrar al victimario a la comunidad. A la justicia punitiva debe acompañar la justicia restaurativa.

Lo mismo se lee en la Historia de la Guerra del Peloponeso, de Tucídides, que presenta la irracionalidad de la venganza: la violencia se alimenta de la venganza, y la venganza, a su vez, se alimenta de la violencia. Por eso, es mejor detener la venganza a tiempo, subyugando la memoria de las ofensas pasadas a la esperanza de las bendiciones futuras. Recuperar esa sabiduría es indispensable para una cultura de paz y la prevención de la violencia.

En la tradición cristiana, el Perdón y la Reconciliación tienen un papel central. Sin embargo, con el paso del tiempo, su práctica se fue quedando más y más relegada a la dimensión vertical (entre el ser humano y Dios), debilitándose mucho la horizontal (entre ofensor y ofendido). En la práctica sacramental, nos enseñaron a reconciliarnos con Dios, pero no se nos enseñó cómo reconciliarnos con los hermanos y hermanas. Ahí tenemos todavía un camino que hacer.

Además, es cada vez más evidente que el concepto de Perdón debe sobrepasar el ámbito religioso y encontrar su lugar entre las virtudes políticas y el crecimiento humano. El Perdón y la Reconciliación son temas de la ética y la política. En las relaciones sociales, nada hay más "natural" que la venganza, pero nada tan social y políticamente inadecuado. Se hace necesario, comenzando por nuestras comunidades, recuperar ese capital social y político de la sociedad.

Ora con la Palabra

 

Domingo 1 de marzo: I de Cuaresma

 

Mt 4,1-11

“...Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás”.

Lunes:  Lv 19,1-2.11-18 / Sal 19 (18) / Mt 25,31-46

“Todas las naciones serán llevadas a su presencia...”.

Martes:  Is 55,10-11 / Sal 34 (33) / Mt 6,7-15

“...su Padre ya sabe lo que necesitan”.

Miércoles:  Jon 3,1-10 / Sal 51 (50) / Lc 11,29-32

“...será una señal para esta generación”.

Jueves:  Est 14,1.3-5.12-14 / Sal 138 (137) / Mt 7,7-12

“Pidan y se les dará...”.

Viernes:  Ez 18,21-28 / Sal 130 (129) / Mt 5,20-26

“...no saldrás de allí hasta que hayas pagado...”.

Sábado: Dt 26,16-19 / Sal 119 (118) / Mt 5,43-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

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