Tres-samaritanos

Tirada al borde del camino y mal herida se encontraba una persona justo cuando pasaban por aquel lugar tres samaritanos, quienes al ver la situación corrieron hacia ella a socorrerla. El más grande, fuerte y ágil logró llegar primero, sacó de su bolsillo una cinta amarilla con la que cercó a la víctima e impidió que los otros se aproximaran por temor a que le robaran el protagonismo en la escena y pudiera cuestionarse su bondad, ser desprestigiado delante de todos y perder así el poder que representa ser el salvador.

El segundo en aproximarse, al ver la reacción del primero, comenzó a culparlo de todas las desgracias y a alardear de que si estuviera en su lugar ya hubiera socorrido al herido. Así que se preparó para ser fotografiado con su mochila repleta de ayudas sin entregar y quedar frente a todos como el frágil y bondadoso socorrista al que le impiden llegar a la víctima.

En cambio, el tercero, mientras los dos anteriores peleaban por el control del lugar, en una brecha que se abrió comenzó, en silencio, a vendar las heridas, a saciar la sed y a escuchar a la víctima.

Al instante llegó la prensa. El más grande y fuerte posó para las cámaras haciendo alarde de su capacidad para socorrer y de los logros alcanzados por su bondad. El segundo habló de su mochila llena de ayudas, de lo imposible que le fue socorrer por el secuestro que hizo el primero de la víctima. Al tercero nadie lo vio, nadie lo mencionó en la prensa y nadie le agradeció, solo la víctima sabía que él había vendado sus heridas.

¿Cuál de estos tres samaritanos se hizo prójimo del herido? Sin dudas, los tres estaban atentos y con los ojos bien abiertos para responder a cualquier situación que apareciera, los tres vieron a la persona tirada al borde del camino, corrieron a socorrerla y tenían capacidad para ayudarla; sin embargo, hay una gran diferencia entre ellos: la intención que los moviliza. Los dos primeros socorrieron buscando aplausos, gratitudes, poder y control; en fin, se buscaban a sí mismos. El tercero se interesó por la persona, sus heridas, su dolor, acompañarla desde el silencio, sin que nadie supiera, sin buscar aplausos, ni loas. Esta es la actitud de quien socorre desde la Verdad.

Cuando todas las corrientes apelan a la distorsión deliberada de la realidad con el fin de influir en nuestras actitudes para sacar provecho político, económico e incluso social necesitamos criterio de Verdad para discernir. Nuestra referencia siempre será Cristo y es en Él donde podemos encontrar esos criterios. Vivimos en medio de una contienda eufemística por la conquista de nuestro modo de entender la realidad. Son tiempos de posverdad, donde lo que se ha tornado más  importante son las interpretaciones, no los hechos, y en el que todo se vuelve líquido, relativo y confuso. Nos toca volver la mirada a Jesús para entender y asumir su modo.

Ora con la Palabra

 

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-33 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  Hch 3,11-26 / Sal 8 / Lc 24,35-48

“Miren mis manos y mis pies: soy yo”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado:  Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

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