Altavoces-Bluetooth-BW

La libertad es el derecho de decir a la gente lo que no quiere oír.
George Orwell

Las bocinas portátiles están de moda en Cuba. Siempre que veo a alguien con una al hombro o colgada del cuello recuerdo algunas imágenes vistas en películas o documentales de los años setenta, en las que era muy común encontrarse a gente en la calle con radio-grabadoras de casete.

Hoy, con los avances tecnológicos, la cosa ha cambiado. Ya no son necesarias las pilas. La música es totalmente digital, por lo que se puede usar una memoria flash o el bluetooth de cualquier teléfono para escucharla si se desea.El tamaño de los reproductores portátiles varía, pero aun siendo pequeños tienen buen volumen.Tampoco existe problema si son muy grandes, porque los hay hasta con ruedas que hacen más fácil sutransportación. La mayoría viene con luces LED incluidas para hacer más atractivo el disfrute musical.Todo eso es perfecto. Y bendita sea la tecnología por ello. El problema está cuando esa experienciamusical se la tratamos de imponer al resto de la humanidad.

Hace unos días, mientras montaba en uno de esos monstruos de metal que recorren las calles de nuestras ciudades y que comúnmente llamamos guaguas, sucedió algo que podría haberse calificado de performance colectivo.

En una de las paradas se subió al ómnibus un muchacho acompañado de algunos amigos y de una gran bocina en su hombro. La música de El Kamel (uno de los más populares “reparteros” del momento) resonaba entre la gente, haciendo competencia con la música que traía puesta el chofer, lo que hizo que el joven subiera aún más el artefacto.

De momento, y como si se hubiera puesto de acuerdo, un amplio grupo de los que estaban en el ómnibus coreó: “¡BAJA LA MÚSICA!”. El joven ripostó, pero terminó obedeciendo la orden impuesta por la mayoría.No se trata solamente de si es El Kamel, Yoruba Andabo o Ivette Cepeda, porque para gustos los colores, sonidos y sabores. El asunto radica en el volumen de la música, que se traduce, cuando se está en la calle, en respeto hacia los que nos rodean, quienes no tienen que verse obligados a consumir, casi por obligación, aquello que queremos escuchar.

El exceso de volumen se convierte en ruido y un lugar donde hay ruido es insalubre. Habría que evitar entonces que los ambientes donde nos desenvolvemos sean contaminados sonoramente. No quiero parecer pesimista, pero no es un secreto que en nuestra sociedad se han perdido valores y que la preparación cívica sigue siendo una deuda pendiente con nosotros mismos.

Aunque el cambio debe comenzar primero por uno, tampoco debemos olvidar nuestros derechos como ciudadanos; y cuando estos no se cumplen, se deben exigir. No tengamos temor de expresarnos cuando el de al lado está haciendo algo que nos molesta, siempre con educación y amor. Eso será lo único que nos hará una mejor nación.

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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