Día del educador 1

22 de diciembre: Día del educador
En muchas ocasiones me levanto diciéndome: “es posible ser feliz aquí”. Y me lo repito mil veces para que la idea me cale hondo; pero la vivencia petrificada de algunas realidades va dejando sin voz algunos de mis mejores pensamientos.

Para prevalecer en la cima del poder, la autoridad fácilmente recurre a limitar, condicionar y aun resquebrajar la participación efectiva de otras instituciones, como la familia, la Iglesia u otras, en la formación de la persona; cualquier semejanza con nuestra realidad, no es pura coincidencia.

Ser maestro no es poca cosa, aunque hoy se etiquete como la vocación que más sufre las carencias materiales de nuestra sociedad. Mi tutor de maestría tuvo que vender las lámparas antiguas de su casa para poder comprar libros actualizados sobre las materias que imparte en la universidad. Él, como muchos de los buenos profesores cubanos, es un jubilado que no gana ni 300 pesos de retiro; por eso, dará clases hasta que la salud lo acompañe.

En una época que ya parece lejana, ser docente significaba tener el reconocimiento de todos. Hoy, se asocia esa profesión con pobreza. Recordemos que vivimos en una isla, donde el progreso económico suele acompañar, sobre todo, a guagüeros, bodegueros, dependientes, parqueadores, cuidadores de baño, etc.

Como nuestro ecosistema educativo avanza sin cambios que modifiquen la calidad de vida de los educadores, cada vez serán más los que precisen entrar en la “lucha” del cubano con sus armas. En ocho horas de clase los niños entienden muy poco, pero en los repasos escondidos en casa del propio profesor, donde hay que pagar a 1 cuc la hora, los contenidos son más accesibles, y hasta pueden parecerse mucho a los que salen en las pruebas.

Hoy, en ciertas aulas, el primero en el escalafón no es el que más sabe, sino el que pudo “ayudar” mejor a sus maestros a lo largo del curso. Ya, en algunos grupos, se designa a un alumno que recauda una cuota fija para “salvar” al maestro, y el que no la quiera o pueda pagar, se expone a sufrir las consecuencias de una revisión bien rigurosa.

No quiero terminar estas líneas sin expresar mi gratitud a esos valientes que se han echado encima uno de los pilares del pueblo. Todos tenemos lo que merecemos, pero me parece injusto culpar de nuestras crecientes debilidades y carencias pedagógicas a personas que solo han tenido la oportunidad de protagonizar las dos primeras partes de una obra que no acaba de llegar al tercer acto. ¿Es acaso una utopía pedir que los decisores de nuestra nación permitan a instituciones no estatales, como la Iglesia entre otras, dar un apoyo más allá del complementario a nuestro entorno educacional?

Mientras preparaba este texto, tuve la oportunidad de conversar en un P-15 con un médico y un trabajador de comunales; hablábamos de lo dura que va nuestra vida cotidiana. De pronto, alguien nos preguntó: “¿Y qué opinan de los maestros?”. A lo que respondió el médico: “que tienen, al igual que nosotros, una sola opción, sobrevivir.”

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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