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La historia muchas veces resulta compleja y establecer paralelismos se torna difícil; se corre el peligro de caer en la especulación, pues cada proceso social o político tiene sus particularidades. Partiendo de la idea anterior, propongo en este artículo acercarnos a reflexionar sobre una serie de similitudes entre dos procesos de exterminio poblacional: el primero, la Reconcentración llevada a cabo por Valeriano Weyler en Cuba entre 1896 y 1898; el segundo, la política de exterminio masivo y limpieza étnica llevada a cabo por Adolfo Hitler entre 1933 y 1945 en Europa.

La primera semejanza entre estos dos fenómenos históricos es la inocencia de las víctimas, en su mayoría población civil no involucrada en el conflicto. El caso cubano tenía como objetivo eliminar todas las expresiones de apoyo del campesinado al Ejército Libertador, sin diferenciar a mujeres, niños o ancianos. Asimismo, en Europa fueron víctimas todos los sectores poblacionales que no entraban en el canon de la raza aria, establecido por el Tercer Reich Alemán, de modo especial judíos, gitanos, homosexuales y personas con malformaciones.   

En los dos procesos, el número de víctimas resulta desgarrador. En la isla antillana, de una población aproximada de un millón de personas, murieron alrededor de 200 mil, mientras que en el proceso europeo, solo en los campos de concentración, perecieron alrededor de 6 millones. Otro aspecto similar lo encontramos en la ideología de los líderes: el caso alemán fue llevado a cabo por Adolfo Hitler, conocido por su política eugenésica; Valeriano Weyler se destacó por su carácter autoritario ante la renuncia de Arsenio Martínez Campos, quien, por sus principios, se negó a llevar a cabo esta política represiva.

Otro rasgo común fue el sufrimiento de las víctimas, quienes en Europa padecieron trabajos forzados, la separación y la muerte. En la Reconcentración fueron obligadas a abandonar sus bohíos y sitios de labor miles de familias campesinas para trasladarse a las ciudades, donde morían a causa de enfermedades, como el tifus, la malaria y el dengue.

Ante estos dos genocidios se debe señalar las posiciones de crítica de importantes actores políticos y humanitarios, como Charles De Gaulle, Winston Churchill y Angelo Roncalli, posteriormente Papa Juan XXIII, quienes se manifestaron contra el suceso fascista. En las circunstancias cubanas se debe señalar el papel de parte de la prensa extranjera, que criticó los excesos del poder colonial, la voz de figuras del mambisado, como Máximo Gómez y Tomás Estrada Palma, además de la campaña de socorro a los afectados llevada a cabo por la Cruz Roja estadounidense, liderada por  Clara Barton.

Estos tristes episodios de la historia, que el poder en sus diferentes expresiones sigue repitiendo en menor o mayor escala, no deben ser silenciados ni olvidados. Cierro con una frase que caló profundamente mi corazón cuando presencié la ronda de las Madres de la Plaza de Mayo, quienes reclaman aún por sus hijos secuestrados: “¡No olvidemos el pasado para no repetirlo!”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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