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Aunque parezca increíble, en los años posteriores al descubrimiento del Nuevo Mundo se suscitaron discusiones en torno a la naturaleza de los aborígenes conocidos como indios. Algunos filósofos y teólogos sostenían que estos eran seres sin alma, por lo que eran colocados en un nivel de animalidad especial.

Esta idea perniciosa venía como anillo al dedo a todos los que pretendían despojarlos de sus derechos para someterlos a los más duros trabajos, ignorar sus diferentes culturas y eliminarlos cuando hiciera falta, sin que sus conciencias se sintieran afectadas.

Gracias a los valores cristianos presentes en la cultura hispana y la tradición católica iluminada por la teología de San Agustín y de Santo Tomás de Aquino, pensadores eclesiásticos como Suárez y Victoria, defendieron al indio como parte de la humanidad y, por tanto, con todos los derechos que la dignidad humana le otorgaba.

Desde América, hombres de Iglesia como Fray Bartolomé de las Casas en Cuba, defendieron concretamente esos derechos enfrentándose a conquistadores y encomenderos, a quienes denunciaron ante la Corte.

Fray Bartolomé de Las Casas, que conoció de cerca los abusos y las crueldades perpetradas contra los aborígenes, presentó ante el monarca español sus demandas en favor de sus amados indios. Para ello se auxilió de los cardenales regentes Cisneros y Adriano –este último fue más tarde Papa con el nombre de Adriano VI– y pudo exponer su alegato ante el joven monarca Carlos V, del cual obtiene, en 1520, la supresión de las encomiendas.

Las Casas no tuvo temor en denunciar todos estos hechos y escribió dos importantes obras: «Brevissima relación de la destrucción de las Indias» e «Historia de las Indias». Terminó sus días el 17 de julio de1566 en el convento de Nuestra Señora de Atocha en Madrid. Años antes había renunciado a su diócesis de Chiapas para dedicarse por completo al problema de los indios.

Ciertamente la población indígena en Cuba sufrió una grave disminución en el número de sus habitantes. Las cantidades de aborígenes muertos a partir del comienzo de la conquista de la Isla causan verdadero pesar, aun cuando descartamos la idea generalizada de que se extinguieron. Se tienen muchos datos de la existencia de comunidades indias que persistieron y dieron origen a poblaciones como Yateras, Guanabacoa, el Caney, Jiguaní o Marién, donde se predicó el Evangelio y se edificaron ermitas más tarde convertidas en parroquias.

En el siglo XVI, un hijo de padre español y de madre india, el presbítero Miguel de Velázquez, fue canónigo de la Catedral de Cuba, maestro y músico, después de estudiar en Sevilla y Alcalá de Henares.

Desgraciadamente abundó más la desobediencia que el fiel cumplimiento de las disposiciones papales y de las Leyes de Indias. Durante la colonización siguieron los abusos e injusticias con los pobladores originarios de nuestro continente y, aunque se predicó la Palabra, los malos ejemplos dados por la mayoría de los colonizadores provocaron serias contradicciones durante todo el período de la colonia.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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