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Catalina la Grande, ortodoxa, amiga de Voltaire y déspota ilustrada, luego de  gobernar por diez años todas las Rusias, en 1772, en el primer reparto de Polonia, se apropió de Bielorrusia y Livonia, la Rusia Blanca. Con este territorio, la zarina adquirió como súbditos 201 jesuitas polacos y lituanos, mas cuatro colegios y dos residencias.

Un año más tarde, el papa Clemente XIV suprimiría a la Compañía de Jesús mediante el Breve “Dominus ac Redemptor”, de fecha 21 de julio de 1773. El Breve llegó a Polonia a mitad de septiembre. Catalina ordenó ignorarlo y recoger todos los ejemplares del documento.

 El Vice-Provincial jesuita, P. Estanislao Czerniewicz, expresó su perplejidad al Cardenal Garampi: si se promulgaba el Breve, Catalina castigaría a los católicos; desconocerlo, era desobedecer al Papa. A finales de 1773, los jesuitas le suplicaron a Catalina que les permitiese renunciar al nombre de “Compañía de Jesús” y obtener del Papa su autorización para vivir en comunidad. Ella respondió con un “no” rotundo y al lituano P. Czerniewicz lo amonestó: “Usted es demasiado escrupuloso”.

Ya para 1777, uno de cada cuatro jesuitas en la Rusia Blanca había fallecido. Necesitaban refuerzos. Solicitaron a la zarina que obtuviera del Sumo Pontífice la autorización para abrir un noviciado. Esta ordenó que empezaran a construirlo. Al mismo tiempo, el obispo de la Rusia Blanca, encargado de los católicos latinos, Estanislao Siestrzencewicz, pidió al Papa autoridad sobre todas las órdenes religiosas. Pío VI vio los cielos abiertos: por fin se podría controlar a los jesuitas de Catalina. Pero Siestrzencewicz era otra ficha de Catalina y aprovechó para autorizar el noviciado de los jesuitas. El Secretario de Estado, Cardenal Pallavicini, montó en cólera. El Papa exigió una retractación, pero realmente no estaba tan disgustado como parecía.

 Muy pronto ingresaron al noviciado novicios internacionales. Los Borbones avisaron a Catalina: los jesuitas eran enemigos del Estado. Los comerciantes católicos se retirarían de un país que los protegiese. La zarina recordó a los Borbones que ella era señora en su propia casa y amenazó con convertir a la ortodoxia a todos los católicos de su Polonia. Ellos necesitaban la neutralidad de Rusia, envueltos en guerra contra Inglaterra.

Catalina apoyó la libre elección de un nuevo Vicario General jesuita. El ambicioso obispo Estanislao Siestrzencewicz movió sus hilos para ser elegido, pero fracasó.

 Finalmente, en 1783, Catalina envió a Jan Benislawski, canónigo de Vilna y ex jesuita, con un mensaje a Pío VI: “confirme a la Compañía en Rusia y apruebe todos los pasos que han dado”. Pío VI repitió en latín: “approbo, approbo, approbo”.

Catalina falleció en 1798. Su hijo Paulo I mantuvo la protección a los jesuitas. El primer General de la Compañía restaurada en 1814 sería el súbdito polaco de Catalina, Tadeuz Brzozowski. Estaba preparado: a sus 54 años ya había sido secretario de los tres superiores anteriores. Catalina no prendió el fuego jesuita, pero cuidó las brasas.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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