quijoteWebDe esa amalgama de realizaciones y reveses, virtudes y defectos que han determinado el curso de la historia humana, sería difícil encontrar un componente de la cultura universal más definitorio que la lengua. No alcanza la celebración de un día del año, como día del idioma, para expresar la magnitud del significado cultural de la palabra. El dominio de la palabra demostró, desde nuestros primeros ancestros, el extraordinario poder socializador envuelto en la posibilidad de comunicarse, privilegio exclusivo de la especie humana.

Antes de que se prestara para explicar con afán científico la realidad en que existía, la lengua tuvo que servir a la comunidad para acordar el modo de obrar ante la naturaleza. Mantenerse era su necesidad vital, aunque la palabra precisa no existiera para explicar el significado de la "subsistencia" y menos aún el de la "necesidad".

Así fue empleada la palabra para invocar, inicialmente de manera muy primitiva, las fuerzas naturales, mucho antes de que hubiera filósofos. Poco a poco, con el ingenio que llegó a la metáfora, fue llamada a consolidar un saber humano en el cual solo podía primar la fe en lo sobrenatural. La dimensión semántica de la verdad –la que busca explorar los misterios de la relación entre el pensar y el ser– se fue diferenciando gradualmente de la dimensión dogmática, la cual siempre encontrará en la esfera de la fe religiosa su legitimidad más plena.

Desde entonces creencias y saberes han sido expresados a veces como ramas de ese robusto tronco cultural que sería el lenguaje. O tal vez sea más ilustrativo usar otra metáfora: decir que comparten un mismo territorio lingüístico. Creencias y saberes no crecen bien en la historia distanciándose del tronco, sino encontrando donde complementarse. Esta intersección, aunque tenga que producirse por caminos tortuosos, puede ser menos compleja de lo que pensamos. Es válido afirmar que el lenguaje sirve para complicar esa correspondencia, así como también para resolver esa complicación; según la perspectiva desde la cual se use. Es así que se nos revela la diferencia entre complejo y complicado.

El lenguaje es, además, el territorio del imaginario de los pueblos. Allí donde se imbrican las dimensiones pragmáticas, dogmáticas, y semánticas, al margen de cualquier compromiso probatorio. Es esa representación de la cultura que a veces se muestra irracional ante la lógica de las deducciones, pero que, si se pasa por alto, pueden ser levantadas barreras culturales infranqueables.

Los pueblos que nos comunicamos en el español moldeado en Castilla, contamos con un idioma que se enriqueció de su expansión y la diversidad cultural. También quiso el azar que fuera la nuestra la lengua del Quijote, del cual lo excepcional fue descifrar el imaginario popular y elevarlo a expresión literaria universal. Quienes nos valemos del español como instrumento de comunicación debiéramos aprender a valorarlo, respetarlo y disfrutarlo más.

Ora con la Palabra

 

Domingo 9 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Mt 14,22-33

“...iÁnimo, soy yo, no tengan miedo!”.

Lunes:  2 Co 9,6-10 / Sal 112 (111) / Jn 12,24-26

“Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”.

Martes:  Ez 2,8 al 3,4 L Sal 119 (118) / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ése el más grande en el Reino...”.

Miércoles:  Ez 9,1-7;10,18-22 / Sal 113 (112) / Mt 18,15-20

“...allí estoy en medio de ellos”.

Jueves:  Ez 12,1-12 / Sal 78 (77) / Mt 18,21 al 19,1

“...hasta setenta veces siete”.

Viernes:   Ez 16,1-15.60.63 / Interlec. Is 12 / Mt 19,3-12

“El que pueda con esto, que lo haga”.

Sábado: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1Co 15,20-27a Lc 1,39-56

“...iBendita tú entre las mujeres...”.

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