vaticanoWebNo vamos a ver las causas remotas de la creación de los Estados Pontificios medievales, lo que tomaría mucho tiempo. Tendríamos para ello que remontarnos a la caída del Imperio Romano de Occidente. Me centraré, pues, en la creación del actual Estado de la Ciudad del Vaticano.

En la segunda mitad del siglo XIX se encontraba en pleno desarrollo el movimiento de la Reunificación Italiana, que pretendía unificar políticamente todos los pequeños reinos y repúblicas de la península itálica bajo un único centro de poder político y territorial. En este proceso de unificación era inevitable chocar con el Papado, ya que los Estados Pontificios ocupaban gran parte de lo que hoy es la Italia Central.

El 20 de septiembre de 1870 las tropas italianas invadieron Roma, convirtiéndola en capital del naciente Estado y, así, la Santa Sede quedaba desposeída del poder temporal. Se podría pensar que eso era bueno; la Iglesia no necesita de poderes materiales para ejercer su misión, ya que el Reino de su Fundador no es de este mundo. Entonces, ¿por qué se esforzó el Vaticano en llegar a un acuerdo con el reino de Italia en 1929 para que se reconociera al Papa su soberanía sobre un minúsculo estado, el actual Estado de la Ciudad del Vaticano? Podría parecer lo que se buscaba con ello era simple poder mundano. Nada más lejos de la realidad. Lo que se pretendía era la Libertas Ecclesiae.

¿Qué es eso de la Libertas Ecclesiae, la libertad de la Iglesia? Si estudiamos la historia de la Iglesia desde la edad antigua hasta la contemporánea, vemos un sinfín de intentos por parte de monarcas extranjeros de dominar la Iglesia y tenerla a su favor para justificar las más diversas empresas políticas. Ese intento de dominio adquirió diversas formas, desde amenazas militares hasta intentos de poner en la Sede de Pedro a candidatos afectos a tal o cual rey o emperador, pretendiendo que los papas fueran meros títeres de los jefes políticos de la época.

Sin embargo, con los acuerdos de Letrán de 1929 y el reconocimiento de un Estado Papal propio, la Ciudad del Vaticano, se aseguraba la independencia del Santo Padre respecto a poderes extranjeros. Siendo el Papa políticamente independiente es esencialmente libre para anunciar el mensaje de Jesucristo, ejerciendo su misión profética sin tener que sufrir presiones de otros jefes de estado. Además, al tener categoría de jefe de estado, el Papa puede hablar a los demás líderes al mismo nivel. Así, la Santa Sede puede participar en igualdad de condiciones en innumerables foros internacionales, tales como la Organización de las Naciones Unidas, en la que participa como observador.

Gracias a este instrumento -la soberanía temporal propia-, la voz de la Iglesia y el mensaje de Cristo, se pueden escuchar en lugares donde, de no ser así, sería casi imposible.

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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