enfermedades-curia2Mientras se perfila el reordenamiento de los diferentes "ministerios vaticanos" el papa Francisco continúa con la reforma espiritual de sus colaboradores. Sin ella cualquier cambio de estructura sería un esfuerzo insuficiente. Desde esta clave podemos leer sus palabras a la Curia Romana donde el papa describió quince posibles enfermedades que podía tener este organismo. Las primeras siete ya fueron presentadas en un artículo anterior, sirvan también estas para examinar la conciencia de todo cristiano y comunidad eclesial.

La octava enfermedad que puede sorprendernos, dijo el Papa a la Curia, es la esquizofrenia existencial de llevar una doble vida, fruto quizás de perder el contacto pastoral y dedicarse exclusivamente a oficios burocráticos. La novena patología es la del terrorismo de los chismes, que pueden comenzar por pequeños comentarios y convierten a sus autores en sembradores de cizaña.

La número diez, que ataca a grandes y pequeños, es divinizar a los jefes o adular a los inferiores para conseguir favores o lealtad. Es el oportunismo de aquellos que alimentan solamente su propio egoísmo. La undécima enfermedad que denuncia Francisco es la indiferencia de los que se alegran viendo caer a otros en lugar de levantarlos y animarlos.

La número doce es la cara de funeral de los que son incapaces de contagiar alegría y viven con una eterna severidad de teatro. Ellos confunden amargura con
seriedad. Un buen ejercicio de sanación puede ser comenzar a reírse de sí mismos. La enfermedad número trece es la de acumular bienes o regalos en busca
de seguridad. Un test que no falla para detectarla es el tamaño y la cantidad de maletas cuando toca mudarse.

La penúltima enfermedad que denuncia el papa es la pertenencia a círculos tan cerrados, que incluso se les llega a dar más importancia que pertenecer al Cuerpo de Cristo que es la iglesia universal. Por último, Francisco critica el exhibicionismo y la búsqueda de provecho mundano. Esta enfermedad aparece cuando el apóstol transforma su servicio en poder, que utiliza como mercancía en busca de beneficios.


El papa concluyó recordando una comparación que había leído: los sacerdotes son como los aviones, solo aparecen en las noticias cuando uno cae, pero
mientras, miles continúan volando. La veracidad de esta frase indica la delicadeza del servicio pastoral en una iglesia que no está llamada a ser corte palaciega sino cuerpo de guardia para atender a un mundo herido.

Ora con la Palabra

 

Domingo 23 de febrero: VII del Tiempo Ordinario

 

Mt 5,38-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

Lunes:  St 3,13-18 / Sal 19 (18) / Mc 9,13-28

“...lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse...”.

Martes:  St 4,1-10 / Sal 55 (54) / Mc 9,29-36

“...El Hijo del Hombre va a ser entregado…”.

Miércoles de Ceniza:  Jl 2,12-18 / Sal 51 (50) / 2 Co 5,20 al 6,2 / Mt 6,1.6.16-18

“...tu Padre que ve en lo secreto, te premiará”.

Jueves:  Dt 30,15-20 / Sal 1 / Lc 9,22-25

“...Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo...”.

Viernes:  Is 58,1-9a / Sal 51 (50) / Mt 9,14-15

“Llegará el tiempo en que el novio les será quitado...”.

Sábado: Is 58, 9b-14 / Sal 86 (85) / Lc 5,27-32

“No he venido para llamar a los buenos...”

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