Dante-y-la-divina-comedia

Reconocida en el mundo entero por el duomo de la imponente Catedral de Santa María de la Flor, se alza Florencia como símbolo y baluarte de la riqueza espiritual de la Toscana italiana. Florencia, ciudad orgullosa de su historia, alberga no pocos nombres-símbolos de la pintura, la escultura, el pensamiento, la arquitectura y la literatura. Hay, no obstante, un florentino que realza el timbre de gloria que ese gentilicio posee. Su nombre, Dante Alighieri, se ha quedado en la memoria colectiva de la humanidad como un elogio a las buenas maneras de decir y escribir.

El Sommo Poeta (Poeta Supremo) es el epíteto justo para quienes ven en Dante un crisol de la literatura universal de todos los tiempos. Escribir o hablar de este poeta, es escribir o hablar de su obra monumento: La Divina Comedia, texto que transita entre las cosmovisiones medievales y renacentistas.

Volver sobre esta obra es redescubrir una visión sui generis de la religión, y todavía más allá: de la relación íntima y personal de la finitud existencial humana con la trascendencia divina. Dante apuesta por la introspección del alma en la búsqueda de su Hacedor, contrario a la aspiración medieval de alcanzar a un Dios distante y en las alturas, auxiliándose para estos empeños de las agujas de las catedrales góticas que parecían querer tocar el mismo cielo.

A propósito, el Papa Francisco desde su aleccionador magisterio y motivado por el 750 aniversario del natalicio de Dante, definió a La Divina Comedia “como un gran itinerario, más aún como una verdadera peregrinación interior, tanto personal y comunitaria como eclesial, social e histórica”.

Cierto es que el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso dantescos están cargados de símbolos y bellas metáforas, pero el poeta va más allá de las fronteras de la simple armonía de las letras. La obra deja correr unos tras otros los cantos, y expone el fuerte sentimiento religioso de su autor, que puede incluso transitar por la crítica social de su tiempo.

Hay una fuerza cuasi-mística que acentúa sobremanera la vivencia de la fe. Una experiencia que se realiza desde la esperanza, y que convoca a un cambio radical orientado a la dignidad y el autoconocimiento plenos. Por ello, el interés por la peregrinación del alma es una exhortación constante, aunque ello suponga atravesar las noches oscuras de las tribulaciones y pesares diarios.

Dante brota del nicho de piedra y continúa invitando a la reflexión interior como lo hiciera antaño. Su obra regresa de tierras imperecederas y otra vez sorprende y enamora, asumiendo nuestras problemáticas que hacen del florentino un coetáneo de casi ochocientos años.

Sin más anhelo que el de unirme al coro de los muchos que consideran a Dante artista de la más alta valía, con todavía mucho que decir, sirvan estos apuntes para convidar a la lectura de los textos fundacionales de la compleja existencia humana, entre los cuales ocupa un puesto de honor La Divina Comedia.

Ora con la Palabra

 

Domingo 25 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mt 22,34-40

“...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma…”.

Lunes:  Ef 4,32 al 5,8 / Sal 1 / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía”.

Martes:   Ef 5,21-33 / 128 (127) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza…”.

Miércoles:  Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió de entre ellos a doce…”.

Jueves:  Ef 6,10-20 / Sal 144 (143) / Lc 13,31-35

“...al tercer día mi obra quedará consumada”.

Viernes:   Fil 1,1-11 / Sal 111 (110) / Lc 14,1-6

“...tocando al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:  Fil 1,18-26 / Sal 42 (41) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será enaltecido”.

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