San-Jerónimo

“Tratemos de aprender en la tierra las verdades cuya consistencia permanecerá también en el cielo.”
                                                                                                        San Jerónimo


San Jerónimo (Eusebio Hierónimo de Estridón), Padre de la Iglesia, nació en Estridón, ciudad de Iliria, alrededor del año 347, en el seno de una familia cristiana. “Recibió Jerónimo el Bautismo siendo ya de madura edad, y desde aquel dichoso día entabló una vida verdaderamente cristiana.” (https://www.vaticanocatolico.com)

A los 45 años se ordena sacerdote y vuelve a Jerusalén, donde estuvo tres años dedicado a la contemplación y al estudio de las Sagradas Escrituras. Durante este período perfeccionó sus conocimientos del griego, del hebreo y transcribió códices y obras patrísticas. (Cfr. Benedicto XVI.  Audiencia general, 7.11.2007).

En el año 382 se traslada a Roma; allí, el Papa san Dámaso I, que conocía su carácter ascético y su calidad como estudioso, lo toma como secretario y consejero. Posteriormente, lo alienta a emprender una nueva traducción latina de los textos bíblicos a partir del canon aprobado durante el Sínodo de Roma (382 d.C.). Este catálogo contenía 46 libros del Antiguo Testamento, comprendidos en la versión del hebreo y arameo al griego, conocida como “la Septuaginta” (los “Setenta”), y los 27 libros del Nuevo Testamento.

San Jerónimo compara los textos originales escritos en griego y en hebreo con otras versiones, revisa los cuatro Evangelios en latín, los Salmos, y gran parte del Antiguo Testamento. Teniendo en cuenta el original hebreo, el griego de los Setenta y las precedentes versiones latinas, San Jerónimo, auxiliado por otros colaboradores, entrega una traducción que se conoce como “la Vulgata”, reconocida por el Concilio de Trento como la traducción ofcial empleada en la liturgia romana.
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El Papa Benedicto XVI comenta: “Es interesante comprobar los criterios a los que se atuvo el gran biblista en su obra de traductor. Los revela él mismo cuando afrma que respeta incluso el orden de las palabras de las sagradas Escrituras, pues en ellas, dice, «incluso el orden de las palabras es un misterio», es decir, una revelación. Además, reafrma la necesidad de recurrir a los textos originales: «Si surgiera una discusión entre los latinos sobre el Nuevo Testamento a causa de las lecturas discordantes de los manuscritos, debemos recurrir al original, es decir, al texto griego, en el que se escribió el Nuevo Testamento. Lo mismo sucede con el Antiguo Testamento: si hay divergencia entre los textos griegos y latinos, debemos recurrir al texto original, el hebreo; de este modo, todo lo que surge del manantial lo podemos encontrar en los riachuelos.»” (Audiencia general, 7.11.2007)

San Jerónimo comentó además muchos textos bíblicos, escribió biografías de monjes ilustrando el ideal monástico, junto a otros itinerarios espirituales y tradujo varias obras de autores griegos. Por último, en su importante Epistolario, obra maestra de la literatura latina, destaca por sus características de hombre culto, asceta y guía de almas.

Muere en Belén el 30 de septiembre del 420 d. C. En su honor se celebra, cada 30 de septiembre, el Día Internacional de la Traducción.

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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