Expulsión-de-los-jesuitas

Trascurre el año 1767 y el gobierno español, encabezado por el rey Carlos III, quien se caracterizó por la implementación de políticas regalistas basadas en limitar el poder político y económico de la Iglesia, decreta la expulsión de los jesuitas de los territorios metropolitanos y las posesiones coloniales. Cuba, y más específcamente La Habana, fue el epicentro de este proceso de extrañamiento en el subcontinente. A esta ciudad llegó en 1767, procedente de la metrópoli y dirigida al capitán general Antonio María Bucareli, la Real Cédula que decretaba la expulsión de esta familia religiosa.

Este político manejó con suma discreción la misiva, que fue implementada en la colonia y enviada, a su vez, a las posiciones continentales. Así, la expulsión de los discípulos de San Ignacio en la Isla se desarrolló de modo pacífco; pues los 16 religiosos residentes en los dos colegios situados en La Habana y Puerto Príncipe acogieron de forma obediente la ordenanza gubernamental.

La Habana fue el centro de recepción, conexión y embarque de todos los jesuitas expulsados del  continente americano y con destino a Cádiz, España, entre 1767 y 1770. En total, pasaron por la villa aproximadamente 700 religiosos, de los cuales algunos encontraron la muerte en la ciudad y fueron sepultados en la Convalescencia de Belén. Otros, murieron como víctimas de las inclemencias del océano o la mala alimentación durante el largo viaje, que duraba entre tres y cuatro meses, a suelo peninsular.

Este proceso histórico, marcado por su fnalidad política, repercutió en el desarrollo educativo y cultural de la región latinoamericana. Con la ausencia de estos religiosos se puso fin a una serie de iniciativas de protección a los pueblos originarios de la región, que marcaban un trato distinto al brindado por los sectores económicos empoderados. De modo especial, se vieron perjudicadas las reducciones y las misiones en zonas de frontera. Igualmente, desaparecieron los colegios regentados por la orden, que eran de los principales centros de estudios y difusión del conocimiento en Cuba y en el subcontinente.

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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