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Muchos antiguos alumnos de colegios católicos como Belén, La Salle, los Maristas, etc., nos formamos políticamente leyendo la revista La Quincena: Una respuesta cristiana a los problemas de hoy, dirigida por el padre franciscano Ignacio Biaín Moyúa (1933-1963).

El último presidente de la “Acción Católica de Cuba”, el abogado Raúl Gómez Treto, en cuya casa nos reuníamos cada domingo después de misa para intercambiar sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado Revolucionario, escribiría: “Biaín mantuvo contacto con la clandestinidad revolucionaria y alentó a muchos jóvenes católicos en sus inquietudes para incorporarse al proceso de lucha contra Batista.”

Conocí personalmente a Biaín; él me casó en vísperas de la llamada “Crisis de Octubre”; tenía una buena amistad con mi abuela de crianza, de origen chino-indio, que frecuentaba la Iglesia de San Francisco y pertenecía a la tercera orden francisana. El licenciado Manuel García Rovés Gómez, del que fui tutor en su tesis de maestría en Historia Contemporánea y Relaciones Internacionales en la Universidad de la Habana y que tuvo como tema  central la obra del padre Biaín, puso en su investigación (merecedora de la máxima califcación):
“El padre Ignacio Biaín desempeñó en Cuba un papel destacado en la formación de valores morales y éticos; así como en el enfrentamiento a la corrupción. Por ese entonces en el país, y luego del triunfo revolucionario, asumió un rol meritorio en la obra de apoyo a los procesos de
diálogo, sobre todo al interior de la Iglesia, hasta su fallecimiento en 1963.”

Junto a Biaín, también es importante recordar al padre francisano Serafín Ajuria, que protegió al líder estudiantil José Antonio Echeverría
en más de una ocasión, cuando lo perseguía la policía de la dictadura batistiana. Los jóvenes que nos incorporamos al Directorio Estudiantil Revolucionario, dirigidos por Echeverría, recordamos que durante al asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957, Biaín estableció un hospital clandestino en el convento de San Francisco para los que pudieran resultar heridos en la acción revolucionaria.

El clero vasco franciscano en Cuba fue muy activo en su ayuda a los sectores más desfavorecidos de la sociedad, siguiendo la práctica de su fundador, San Francisco de Asís. El estudio de la obra de Biaín, por su altruismo y valor intelectual, debe ser un elemento importante de reflexión para las nuevas generaciones cubanas, sean o no miembros de la Iglesia católica.

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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