Mujer cubana votando

La lucha de las mujeres cubanas por ser ciudadanas de primera clase comenzó en los primeros años del siglo XX y continuó en el período revolucionario. Desde la oratoria y la acción, ellas rompieron su invisibilidad como agentes de la historia y dieron muestras de su enorme capacidad política. Hoy en Cuba las mujeres tienen legalmente la condición de ciudadanía plena, con igualdad de derechos y oportunidades en todos los ámbitos y niveles de la vida nacional. A partir de este logro, es necesario continuar con otras demandas para dictar leyes específicas que protejan a la mujer y trabajar por la formación de conciencias anti-machistas en el plano social y familiar.

A pesar de que en nuestro país la violencia de género ocurre en menor escala que en otras naciones, no podemos desconocer los tantos casos donde los abusos físicos y psicológicos no llegan a evitarse ni repararse a través de la justicia. El argumento que exponen entre bostezos dos policías para quedarse contemplando la escena en la que un hombre llena de insultos y manotazos a una mujer en plena calle, es el ya conocido lema: “Entre marido y mujer nadie se debe meter”.

Tenemos más opciones que tratar de guardar la calma ante las imposiciones, en varios contextos, del contenido misógino de muchos video-clips y del siempre presente reggaetón con sus textos denigrantes, que parecen no saciar nunca la imaginación más sádica. ¿Qué se podrá hacer en estos casos donde la mujer es cosificada?

En un tema sensible como la procreación, las leyes que en Cuba se han establecido para estimular la fecundidad, la incorporación y reincorporación de la mujer al trabajo, el apoyo de familiares en el cuidado y la atención del menor, han sido muchas; pero la libertad de tener hijos parece necesitar mayor sustento. Las mujeres piensan y repiensan cómo traer un hijo al mundo cuando los salarios de las personas con disponibilidad para trabajar no alcanzan siquiera para los que ya están, ni la vivienda se puede estirar más. Lo material emerge como problema fundamental y no como queja estéril en el plan nuestro de cada día.

Tampoco es secreto que el rol de las mujeres está bien asentado y es poco probable que los hombres - y mujeres - decidan llevar una rutina de compensación de tiempos y responsabilidades para el hogar. A pesar de lo mucho que se ha ganado para la igualdad de género, las expectativas socioculturales también definen comportamientos: ella debería y podría trabajar para el desarrollo de la sociedad y luego doblar turnos en el hogar (trabajo que no cree en vacaciones ni licencias).

Cuando las madres en la familia hablan del trabajo doméstico, se delatan como mujeres que aceptan colaboración en “sus” obligaciones: fulanito “me” friega, menganito “me” lava, zutanito “me” hace los mandados. Se necesita desplegar más acciones que puedan ayudar a elevar la conciencia anti-machista, para hacer de las tareas hogareñas un bien transferible del cual también los hombres participen en igualdad.

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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