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11 de diciembre de 1974: 1a Asamblea del Poder Popular en Jovellanos
Mucho han sonado los anuncios de cambios en Cuba: nuevo presidente y una nueva Constitución. A pesar de la bulla, los aires de renovación no impulsan un nuevo modelo de Estado. Alcanzan al maquillaje, a la aprobación de la extensión de un dilatado experimento denominado “perfeccionamiento del Poder Popular” (PP).

Hace más de seis años se inició el proceso en Artemisa y Mayabeque. Tras varias prórrogas y silencios, la Asamblea Nacional del PP propuso a la Comisión para la Reforma Constitucional la modificación del artículo 117 para deslindar las responsabilidades de presidente de las Asambleas Municipales y Provinciales del PP de las de presidente de los Consejos de Administración a esos niveles.

En abril 2011, el sexto Congreso del Partido Comunista aprobó una resolución sobre el perfeccionamiento de los órganos del PP. Con la venia del Partido, arrancó la experimentación. Problemas identificados por el Partido: concentración de facultades en algunos cargos, superposición de funciones, desconocimiento del alcance y responsabilidades de algunos roles, centralización excesiva, estructuras ineficientes, verticalismo y poca autonomía local.

La suma de esos fallos ha dado lugar a una creciente deslegitimación y distanciamiento entre la ciudadanía y las estructuras del PP. El experimento pretendía cambiar ese panorama. Sin embargo, solo promovió la separación entre el Presidente de la Asamblea y el Jefe del Consejo de la Administración.

El presidente del PP lo es también del Consejo de la Administración. Representa al pueblo y, en su nombre, fiscaliza y controla la ejecución de las decisiones administrativas. También es jefe de la Administración y, por ende, aprueba las decisiones que él mismo debe controlar. No existe, entonces, contrapartida o equilibrio.

Los científicos que diseñaron e implementaron el experimento asumieron que cambiando a las personas de lugar, reorganizando los cargos y definiendo mejor las responsabilidades se iba a transformar el sistema.

El modelo instaurado en 1976 en Cuba es único en el mundo y complejo. Para la mayoría de la población es difícil o imposible de comprender. Cambiar una persona por otra o dividir sus responsabilidades no garantiza mayor control; se necesita mecanismos de participación y transparencia para que las decisiones sean más populares y recaigan menos sobre los dirigentes. No se ha logrado romper con el centralismo característico del sistema representativo cubano, ni con las limitadas capacidades de solución de las necesidades de la gente por parte de los delegados electos, ni por las administraciones.

Al parecer, al son de la reforma constitucional, el experimento será algo más grande. Períodos presidenciales limitados, reconocimiento de la figura del vicepresidente, establecimiento del cargo de Primer Ministro y extensión a cinco años de la duración de los delegados a las Asambleas Municipales del PP, son otras transformaciones recientemente anunciadas.

Ninguna de esas extensiones anuncia mecanismos de participación popular más eficientes y mucho menos la desvinculación de las indicaciones partidistas. Mientras no se generen consensos populares reales, el ensayo siempre concluirá con una mala puesta en escena.

Ora con la Palabra

 

Domingo 20 de octubre: XXIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 18,1-8

“Yo les aseguro que les hará justicia...”.

Lunes: Rm 4,20-25 / Interl. Lc 1,69-75 / Lc 12,13-21

“...Eviten (…) toda clase de codicia...”.

Martes:  Rm 5,12.15b.17-19.20b-21 / Sal 40 (39) / Lc 12,35-38

“...¡felices esos sirvientes!”.

Miércoles:  Rm 6,12-18 / Sal 124 (123) Lc 12,39-48

“...llegará a la hora que menos esperan”.

Jueves:  Rm 6,19-23 / Sal 1 / Lc 12,49-53

“...más bien he venido a traer división”.

Viernes:  Rm 7,18-25a / Sal 119 (118) / Lc 12,54-59

“...no saldrás de allí...”.

Sábado: Rm 8,1-11 / Sal 24 (23) / Lc 13,1-9

“Puede ser que así dé fruto...”.

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