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Cada cosa se esfuerza, cuanto está en ella, por perseverar en su ser.
Baruch de Spinoza, Ética
Son muchos los cubanos conocedores de la hazaña científica que realizó el cubano Carlos Juan Finlay y Barrés (Camagüey, 3 de diciembre de 1833 - La Habana, 19 de agosto de 1915), quien descubrió al mosquito como agente transmisor de la fiebre amarilla y, por tanto, posibilitó la erradicación de dicha enfermedad.

Se cuenta que una noche se encontraba rezando el rosario, cuando le llamó la atención un mosquito zumbando a su alrededor. En ese momento se le ocurrió investigar a estos insectos. Tal vez no apreciemos en su justa medida esta tarea de paciente investigación y ensimismamiento, como quizá no valoramos lo suficiente contar con un malecón habanero; simplemente este último está ahí como parte de nuestra historia y nuestro paisaje. Pero es ese aporte del Dr. Finlay uno de los ejemplos fehacientes que hacen rodar por tierra el gesto de desprecio de algunas personas, que en su momento tildaron a Latinoamérica de región carente de ideas y de espíritu creativo.

 En este médico persistente se corroboran las palabras del filósofo Baruch de Spinoza (1632-1677) en su famosa obra Ética acerca de que las cosas singulares, en efecto, son modos por los cuales se expresan de cierto y determinado modo los atributos de Dios. Primero, tuvo que trabajar con extremo ahínco para hacer realidad el resultado de sus investigaciones; después hubo que demostrar ante el mundo que fue él precisamente el verdadero autor de tamaña hazaña. Por el contenido de sus exploraciones recibió en ocasiones hostilidad e indiferencia. Con su contribución a la ciencia epidemiológica experimental fue un gran precursor de la medicina tropical.

Algo quizá menos conocido en la biografía de este doctor, salvador de una de las grandes epidemias de gran severidad en diversos países y ejemplo también de tenaz perseverancia, fue su esfuerzo por imponerse una serie de ejercicios cotidianos para atenuar su marcada tartamudez. Otro aspecto poco divulgado es que no asistió a elevadas figuras de su tiempo o a representantes de la clase adinerada en su consulta, sino a personas humildes, a sus colegas y a miembros del clero y de las órdenes religiosas con las que se encontraba muy vinculada su esposa, Adelaida Shine (Adela), una católica devota. En el hogar de este matrimonio, que respetaba las tradiciones familiares, se realizaban tertulias a las que asistían médicos, farmacéuticos, naturalistas, botánicos y sacerdotes como el padre Benito Viñes.

 No solo este preclaro investigador obtuvo resultados por siempre presentes en la historia de la medicina cubana y mundial; sino que también nos legó el ejemplo de la búsqueda de la verdad. En ese tremendo empeño disolvió desavenencias, incomprensiones, incredulidades; algo muy difícil de alcanzar incluso en nuestro tiempo. Fue un hombre lleno de unción, de recogimiento ante el misterio insondable que envuelve nuestra vida y nuestra muerte.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de julio: XVI del Tiempo Ordinario

 

Lc 10,38-42

“...se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra”.

Lunes: Ct 3,1-4 / Sal 63 (62,2-6.8-9) / Jn 20,1.11-18

“...He visto al Señor...”.

Martes:  Ex 14,21 al 15,1 / Interl. Ex 15,8-17 / Mt 12,46-50

“...ese es para mí un hermano, una hermana....”.

Miércoles:  Ex 16,1-5.9-15 / Sal 78 (77) / Mt 13,1-9

“El que tenga oídos, que escuche”

Jueves:  Hch 4,33;5,12.27-33;12,2 / Sal 67 (66) /2 Co 4,7-15 / Mt 20,20-28

“...no vino a ser servido, sino a servir...”.

Viernes: Ex 20,1-17 / Sal 19 (18) / Mt 13,18-23

“...ciertamente dará fruto y producirá cien...”.

Sábado: Ex 24,3-8 / Sal 50 (49) / Mt 13,24-30

“...cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas”.

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