noviosWenSí, estamos cerca del día de San Valentín y voy a hablar del amor y del noviazgo, pero no puedo hacerlo sin compartir mi historia de amor. Porque como diría Martín Descalzo, “no se ama todo de golpe: cada día tiene su pequeño amor. Y sólo con muchos pequeños pasos de pequeño amor se logra atravesar la noche.”

Yo era casi una niña cuando conocí el amor de Dios. Nadie me parecía bueno, solo Él. Su belleza opacaba cualquier intento de seducción. Aprender y escuchar de Él, hablar con Él era todo lo que yo quería. Jesucristo fue mi primer amor.

Pronto creció mi fe y paradójicamente el enamoramiento cambió. Se convirtió en obras, palabras y personas concretas, porque tiene razón el Papa Francisco cuando dice que la vida es concreta. Descubrí que el amor de Dios también es concreto y por eso “se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1,14). Desde que encontré esta verdad busco a Jesús en cada rostro y cada mirada.

Luego llegó una de esas formas concretas de vivir el amor: el noviazgo. Esa unión de dos personas enamoradas que construyen juntos el futuro, que buscan la alegría y el bien. Dos personas se buscan a lo largo del día, que se dedican la vida y comparten penas y glorias. El noviazgo es una opción de vida -previa al matrimonio- que se debe perfeccionar día a día para juntos buscar al Perfecto.  
 
El noviazgo tiene momentos grises. Sombras que aparecen a veces sin avisar, como cuando nos encontramos criticando constantemente los defectos del otro y condicionando su libertad para que cambie aquello que nos molesta. Entonces recuerdo a Cervantes: “la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”, por lo tanto, debemos respetarla.

Asimismo, a veces olvidamos la ternura. No sólo la de flores y palabras bonitas; sino aquella de actos de amor, la que se renueva cada día con una mirada o un abrazo, y que no sólo hace bien al otro, sino que es una parte nuestra que ofrecemos, pues “toda obra bien hecha y perdurable es un trasplante de alma cedida”.

Trata de crecer junto a tu pareja, elévense el uno al otro y encuentren esa parte de sí mismos que solo se halla en la relación recíproca. Busquen juntos la verdad, esa que Cristo nos ofrece para ser llamados hijos de Dios. Cristo en la cruz nos dignificó hasta el extremo y esta, querido lector, es la verdadera historia de amor, mi historia y la de todos los hombres y mujeres. Una historia que no debemos olvidar mientras “pasa” el noviazgo, que más bien es la piedra angular que lo sostiene.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de julio: XVI del Tiempo Ordinario

 

Lc 10,38-42

“...se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra”.

Lunes: Ct 3,1-4 / Sal 63 (62,2-6.8-9) / Jn 20,1.11-18

“...He visto al Señor...”.

Martes:  Ex 14,21 al 15,1 / Interl. Ex 15,8-17 / Mt 12,46-50

“...ese es para mí un hermano, una hermana....”.

Miércoles:  Ex 16,1-5.9-15 / Sal 78 (77) / Mt 13,1-9

“El que tenga oídos, que escuche”

Jueves:  Hch 4,33;5,12.27-33;12,2 / Sal 67 (66) /2 Co 4,7-15 / Mt 20,20-28

“...no vino a ser servido, sino a servir...”.

Viernes: Ex 20,1-17 / Sal 19 (18) / Mt 13,18-23

“...ciertamente dará fruto y producirá cien...”.

Sábado: Ex 24,3-8 / Sal 50 (49) / Mt 13,24-30

“...cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas”.

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