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Uno de los pasatiempos preferidos del pueblo cubano es el deporte. Si prestamos atención, podemos oír diariamente alguna polémica relacionada con esta temática. Pero pocas veces escuchamos historias reales que unan este gran entretenimiento con la presencia de Dios. Sirvan estas líneas para plasmar realidades que lo testifican.

Entre los lanzadores más emblemáticos del béisbol cienfueguero y cubano podemos nombrar con seguridad al estelar zurdo Adiel Palma, quién participó en 21 series nacionales como lanzador en 415 juegos, y ganó 139 partidos.

Este pitcher, en una entrevista que ofreció al programa Confesiones de Grandes, dijo que la razón principal de los éxitos obtenidos en su carrera fue "conocer de verdad la persona de Jesús". Sus enseñanzas le fueron quitando elementos negativos de la vida: antes, cuando ganaba un juego lo festejaba bebiendo ron y, al conocer el evangelio, su vida dio un cambio radical. Comenzó a ver la realidad desde otra perspectiva, con mucha tranquilidad y paz, pero sobre todo, con el conocimiento pleno del amor.

Muestra de su encuentro personal con Dios fue que pudo recomponer su carrera y llegar al Equipo Nacional, donde ganó 17 partidos sin derrota. Este campeón olímpico de Atenas 2004 es una persona sencilla, amante de su tierra natal, Cienfuegos. Es por eso que al equipo de esta provincia lo defendió hasta su retiro, a pesar de tener posibilidades para encabezar los rosters de otros conjuntos con mayores posibilidades de ganar.

Historias como estas motivan la reflexión en torno a la importancia de reconocer a Dios en cada uno de nuestros proyectos. No por pasar desapercibidas en los medios de comunicación dejan de ser ciertas las obras de Dios en la vida de muchos hombres y atletas cubanos. Sirva este modesto artículo para incentivar a otros deportistas a compartir su historia de fe, algo que los cristianos seguidores del deporte agradeceremos siempre.

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 20 de octubre: XXIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 18,1-8

“Yo les aseguro que les hará justicia...”.

Lunes: Rm 4,20-25 / Interl. Lc 1,69-75 / Lc 12,13-21

“...Eviten (…) toda clase de codicia...”.

Martes:  Rm 5,12.15b.17-19.20b-21 / Sal 40 (39) / Lc 12,35-38

“...¡felices esos sirvientes!”.

Miércoles:  Rm 6,12-18 / Sal 124 (123) Lc 12,39-48

“...llegará a la hora que menos esperan”.

Jueves:  Rm 6,19-23 / Sal 1 / Lc 12,49-53

“...más bien he venido a traer división”.

Viernes:  Rm 7,18-25a / Sal 119 (118) / Lc 12,54-59

“...no saldrás de allí...”.

Sábado: Rm 8,1-11 / Sal 24 (23) / Lc 13,1-9

“Puede ser que así dé fruto...”.

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