Ser obstinado no es necesariamente un defecto. Muchos se obstinan en el sueño de su vida o en la realización de una gran obra. A pesar de dificultades o de otras perso   nas que pretenden convencerlos de cambiar de camino, siguen para adelante y hacen lo posible y lo imposible por llegar a su meta. Evidentemente, es una actitud que suele acarrear conflictos y rupturas con familiares y amigos. Grandes personalidades de la historia, líderes políticos o militares, han sido muchas veces, para bien o para mal, hombres obstinados que han llevado pueblos enteros a la gloria o a la perdición. Obstinados han sido importantes descubridores o totales fracasados, mártires de la justicia o criminales impenitentes.

Sin embargo nadie quiere estar obstinado. Estar obstinados nunca es por perseguir nuestros sueños o intentar realizar una obra grandiosa. Más bien es por estar en medio de actividades mediocres, sinsentido, o por estar obligados por un poder externo impuesto. Es una situación de la que estamos locos por salir. Viendo a alguien obstinado, lo comprendemos enseguida porque todos hemos pasado por allí. Es una situación de la gente sencilla, del pueblo, sin posibilidades de cambiar sus circunstancias.

Por desgracia, la causa de nuestro obstine es muchas veces personas obstinadas, es decir, testarudas y cabezonas, que crean, mantienen e imponen esas situaciones. Un padre de familia que tiene un vicio y ahí gasta todo el dinero, crea una situación insoportable y destructora para su esposa e hijos. Un jefe que toma decisiones equivocadas y se obstina en seguir una política errónea causa el mal ambiente y el obstine de su inferiores.

Muchos de nosotros sabemos qué es estar obstinados. Pero, ¡tenemos derecho a no estarlo! Igual, tenemos también derecho a cuestionar y a desautorizar las decisiones erróneas de otros. ¡No dejemos que personas obstinadas nos obstinen la vida!

Ora con la Palabra

 
  Domingo 20 de septiembre: XXV del Tiempo Ordinario

Mt 20,1-16

“...los últimos serán primeros, y los primeros serán últimos”.

Lunes:  Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

Martes:   Pro 21,1-6.10-13 / Sal 119 (118) / Lc 8,19-21

“...son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”.

Miércoles:  Pro 30,5-9 / Sal 119 (118) / Lc 9,1-6

“...los envió a anunciar el Reino de Dios...”.

Jueves:  Ec 1,2-11 / Sal 90 (89) / Lc 9,7-9

“Y tenía ganas de verlo”.

Viernes:   Ec 3,1-11 / Sal 144 (143) / Lc 9,18-22

“...El Hijo del Hombre tiene que sufrir mucho...”.

Sábado:  Ec 11,9 al 12,8 / Sal 90 (89) / Lc 9,43-45

“...El Hijo del Hombre va a ser entregado…”.

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