Una tendencia generalizada en nuestro mundo de hoy es la de afirmar que la juventud no sabe hablar, incluso se escucha a muchas personas exclamar "ni por que van a la Iglesia se les entiende lo que hablan" al referirse a los jóvenes que asistimos a las catequesis. Y es que el tema del uso del lenguaje en las nuevas generaciones es complejo: por un lado, se dice que lo
empobrecemos porque no tenemos vocabulario; pero, por otro, se afirma que somos las que experimentamos con la lengua al crear nuevas palabras y contribuir, por tanto, a la evolución y modernización del idioma.

En nuestra sociedad, a pesar de que muchos piensen lo contrario, el uso que se hace del español hablado en el ámbito juvenil es uno de los más conservadores dentro del mundo hispánico; es decir, que los jóvenes cubanos, aunque contamos con características propias de la forma de hablar del grupo social al que pertenecemos, somos bastante parcos a la hora de crear giros lingüísticos que se aparten de la norma estándar del español.
Las innovaciones que realizamos muchas veces no atentan contra la construcción de las oraciones, sino que se limitan a la creación de nuevas palabras y expresiones a partir del uso de reglas gramaticales, lo que supone, sencillamente, un incremento del caudal léxico.
Si bien esto puede ser un índice de que no somos los que "peor" hablamos; quizás no pueda afirmarse lo mismo en el lenguaje escrito. Pues no cabe duda de que nos enfrentamos a una nueva realidad, fruto de una cultura informática, donde los celulares y correos electrónicos constituyen las principales vías de comunicación
escrita.

La limitación de espacio y el precio de los mensajes, así como la rapidez a la hora de escribir, han generado una serie de abreviaturas en el lenguaje. Sin embargo, no es censurable que se emplee este "nuevo lenguaje" siempre y cuando sea únicamente en estos contextos y no suponga una merma en el conocimiento lingüístico del español o en las normas ortográficas que se han de aplicar en el lenguaje escrito normalizado.
En el caso de nosotros, los jóvenes cristianos, nunca debemos perder de vista que gracias al lenguaje se han podido transmitir de generación en generación los valores que promueve el evangelio y usarlo mal o bien es nuestra manera de seguir transmitiendo claramente o no este legado que nos dejó Jesús. Debemos prestar atención a nuestra manera de expresarnos porque con el lenguaje el mayor problema que puede existir es cuando no logramos comunicarnos y si no sabemos hacernos entender cómo podremos entonces predicar. No debemos nunca perder de vista que el lenguaje que hagamos presente en los demás siempre será también el lenguaje de la Iglesia.

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

Otras noticias

 

Suscripción al boletín