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Durante mucho tiempo los jóvenes cubanos hemos crecido en una sociedad humilde, donde nuestros sueños están expuestos a grandes barreras, en ocasiones infranqueables.

La iglesia a la que pertenecemos es pobre, con comunidades de escasos recursos puestos al servicio de los sectores más vulnerables y desprotegidos. Pero aun así reconocemos que existen posibilidades que no hemos aprovechado.

Tenemos muchas riquezas que mostrar y emplear para construir esperanzas en lugares donde verdaderamente se necesita. Debemos ser capaces de soñar y dejar de lado aquellas conductas que nos hacen pobres.

La pobreza de la juventud radica en hacernos "los no enterados" cuando vemos a nuestro lado en la guagua a una persona mayor o un niño y no nos levantamos para dejarle nuestro asiento. En ocasiones, nos aislamos del mundo, poniendo nuestra atención en los nuevos medios de entretenimiento como los tablets, celulares y reproductores de sonidos. Pero tenemos la necesidad de ser protagonistas activos de nuestra realidad y no evadirla.

Somos verdaderamente pobres cuando vemos cometer alguna injusticia en la sociedad o comunidad y preferimos quedarnos callados antes que dar un criterio que pueda "meternos en lío".
Nuestra pobreza es más visible cuando en los ambientes cotidianos no mostramos la alegría y la esperanza de tener en nuestro corazón a un Cristo que vive. El papa Francisco nos ha pedido que salgamos de "la cola de la historia", Nosotros podemos pensar y proponer proyectos que nos ayuden a ser intérpretes activos de nuestro entorno, pues, aunque parezca difícil, no es imposible lograrlo en Cuba.

La misión de un joven cristiano es servir a los demás, sin permitir que la frivolidad invada nuestros grupos. Hoy debemos promover una iglesia capaz de comprender los cambios que exige una sociedad marcada por las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs).

Asimismo, hemos de promover una revolución en los cimientos del saber y las relaciones interpersonales para que desaparezca la pobreza de valores en nuestro andar. Esa que ha hecho a no pocas personas pensar que "la juventud está perdida".

Podemos demostrar lo contrario y ser testimonio de la Misericordia. Mas, para eso debemos beber de la fuente que representa la palabra de Dios y actualizar nuestro comportamiento para anunciar a todos que encontramos el tesoro más preciado de la humanidad: estar en comunión con Jesús. Si logramos ese sueño, podremos afirmar sin miedos que ha desaparecido la Pobreza de la Juventud.

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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