El-Papa-en-Panamá

Hace varios meses, los más de 500 jóvenes cubanos que participamos en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Panamá 2019 regresamos a casa. Fueron días inolvidables, llenos de experiencias únicas, que darían para escribir un libro.

 

Ha sido una Jornada histórica para la Iglesia latinoamericana y cubana. Es la primera vez que la JMJ llega a Centroamérica y en la que más jóvenes cubanos han participado.

 

Como Iglesia debemos estar agradecidos; como jóvenes, miembros de esa Iglesia, mucho más. Una JMJ es uno de los pocos momentos que tienen jóvenes de diversas partes del mundo para vivir la universalidad de la Iglesia. Es un regalo enorme, una bendición constante. Y esta no fue la excepción.

 

En la persona del Papa Francisco, Pedro fue a visitarnos y estuvo allí junto a nosotros, cumpliendo con el mandato de confirmar a sus hermanos en la fe. Llegó durante el momento de la comunión. Algunos lo vimos desde que se dirigía a la puerta de la capilla. Otros se percataron de su presencia luego del alboroto y los aplausos del resto de los jóvenes que, impresionados, veían como el Pastor de la Iglesia universal se dirigía hacia ellos.

 

Él entró risueño, expectante por el encuentro, hasta que se percató de que había llegado mientras se recibía a Jesús Sacramentado. Su rostro cambió. La sonrisa desapareció y la postura asumida fue la de quien se siente culpable por haber hecho algo indebido. El jefe de la Gendarmería Vaticana, que lo acompañaba, le trajo una silla y se sentó a orar junto a nosotros. Y allí estaba, como uno más, adorando en silencio. Si hubiera que escoger una imagen de todas las realizadas para describir ese encuentro, me quedo con esa. Pedro orando junto a sus hermanos; no el primero, sino el más distante, a un extremo del sagrario, inundado de ese halo de humildad y gracia que encierra su figura. Pedro junto a sus hermanos, ante Jesús vivo y presente en el Santísimo Sacramento del Altar.

 

Mons. Álvaro Beyra, quien presidía la celebración, lo invitó a dar la bendición final y así lo hizo. Luego procedió al saludo que se convirtió en regaño: “Me fui de contrabando por la puerta de atrás para venir a saludarlos, porque las dos veces que estuve en Cuba me quedé con recuerdos muy lindos de la juventud cubana, de cómo rezan los cubanos y he venido a agradecerles. Les agradezco que quieran tanto a Jesús, aunque hoy se portaron mal. Cuando vieron al Papa le prestaron atención al Papa, y a Jesús lo dejaron de lado. Eso no se hace. La próxima vez no lo hagan.” Ese instante se convirtió en otro regalo, porque el amor de un padre que corrige a sus hijos no puede clasificarse de otra manera. Para mí, aquel día será histórico en muchos sentidos, porque fue también el día en que fui –fuimos– regañados por un Papa.

 

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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