PensadorWebSi sacáramos un aproximado del tiempo que gastamos cada día en transportarnos de un lugar a otro, descubriríamos que quienes deben desplazarse en ómnibus invierten gran parte del día en las paradas y dentro de los vehículos. Conozco historias de amor que comenzaron porque la guagua tardó dos horas en pasar; estudiantes que han hecho sus carreras en los bancos de espera de las rutas habituales; o doctores en ciencia que se han leído la bibliografía de sus tesis de pie y apretados, aguantándose con una mano ellos y para el libro la otra.

A propósito de la mirada, no sé si les ha pasado que se montan en una guagua y se dan cuenta de que los que van en los asientos tienen la mirada completamente perdida (para no verse en el compromiso de dar su sitio a quien lo necesite más o ni siquiera cargar un bolso incómodo de llevar). Dentro de este grupo de ensimismados, algunos se han sentado en los asientos destinados a impedidos, embarazadas o niños y, más preocupados que ninguno - cual El Pensador de Rodin- agachan la cabeza y la sujetan con sus manos. Lo único que deben poder ver es su ombligo, pero así permanecen durante todo el viaje.


El asunto de quién merece el asiento de la guagua es controversial y por supuesto subjetivo. Entre un joven y una persona de la tercera edad es este último quien debe priorizarse, no porque sea débil, sino porque el peso de los años es un bolso grande para cargar; luego las embarazadas que hacen por dos o más; las personas con niños pequeños; aquellos que están impedidos y precisan salvarse -al menos un poco- del ejercicio de equilibrista que supone mantenerse en pie. La guagua funciona como un ecosistema: cada cosa, incluso la espera, tiene su función y existen en él presas pequeñas, grandes devoradores, mareas altas y mareas bajas, tormentas e incluso terremotos.

Los ecosistemas tienen maneras de ser controlados: la nuestra se llama civilidad, eso que nos permite razonar antes de reaccionar, comportarnos en sociedad y no como salvajes. Todos  precisamos vivir en un espacio respetuoso en el que, no porque tengamos más fuerza, debemos empujar más, o porque seamos más grandes debemos entrar primero, ni porque tengamos menos o más años estamos autorizados a pisotear, presionar o maltratar. Sería hermoso pensar que podemos hacer del ecosistema de la guagua un paisaje bonito, con más libros para leer, más historias de amor, más tesis por escribir… Reemplacemos el “sálvese quien pueda” por el “permiso, si hacemos espacio nos salvamos todos”.

Y cada vez que nos descubramos con esa postura de El Pensador o descubramos a alguien en el mismo limbo, hagámonos la pregunta: ¿cuál es la idea que atormenta las cabezas centradas en mirar el ombligo? Si pensáramos tanto, quizás el ecosistema funcionaría mejor; tristemente en muchas ocasiones pensar es solamente una pose vacía al igual que las miradas perdidas saliendo de la guagua.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de julio: XVI del Tiempo Ordinario

 

Lc 10,38-42

“...se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra”.

Lunes: Ct 3,1-4 / Sal 63 (62,2-6.8-9) / Jn 20,1.11-18

“...He visto al Señor...”.

Martes:  Ex 14,21 al 15,1 / Interl. Ex 15,8-17 / Mt 12,46-50

“...ese es para mí un hermano, una hermana....”.

Miércoles:  Ex 16,1-5.9-15 / Sal 78 (77) / Mt 13,1-9

“El que tenga oídos, que escuche”

Jueves:  Hch 4,33;5,12.27-33;12,2 / Sal 67 (66) /2 Co 4,7-15 / Mt 20,20-28

“...no vino a ser servido, sino a servir...”.

Viernes: Ex 20,1-17 / Sal 19 (18) / Mt 13,18-23

“...ciertamente dará fruto y producirá cien...”.

Sábado: Ex 24,3-8 / Sal 50 (49) / Mt 13,24-30

“...cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas”.

Otras noticias

 

Suscripción al boletín