emigracionInterna.WebjpgVivir en La Habana, más allá de disfrutar su hermosura y sus oportunidades por ser la ciudad capital del país, puede ser también una experiencia nada gratificante, sobre todo si no naciste en la urbe. Y es que en ella no solo existen actos discriminatorios hacia otras personas por su identidad de género, orientación sexual o color de la piel; sino que se suma a la lista una categoría creada hace años por sus habitantes: la del “palestino”.

Pensaba que su uso había mermado, pero lo ocurrido hace unos meses en el Estadio Latinoamericano me hizo caer en la cuenta de que ese monstruo solo estaba dormido en espera del momento adecuado para salir a la luz nuevamente. Su despertar fue durante un partido clásico de nuestras series de pelota: Santiago vs Industriales. Los santiagueros ganaron y la impotencia provocada por la derrota hizo que miles de espectadores comenzaran a gritar a los deportistas: “¡palestinos!, ¡palestinos!”.

Es más triste porque el término “palestino” surge de las dificultades de vivienda y asentamiento que, por lo general, enfrenta el oriental emigrado hacia la capital. Entonces utilizarlo, más allá de su carga peyorativa, también encierra un cierto grado de maldad al burlarse de las necesidades de otros.

¡Y qué decir de la famosa transitoria! El Decreto 217, del 22 de abril de 1997, estableció las Regulaciones Migratorias Internas para la Ciudad de La Habana, que limitan el movimiento de personas residentes en otros territorios hacia la capital. Un decreto hecho para contrarrestar la formación de barrios insalubres, pero que trae aparejada su dosis de discriminación. En 2009 el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social dictó el Decreto-Ley número 268 que derogó la resolución que impedía el contrato individual a personas provenientes de otras provincias. Aun así, algunas administraciones estatales y también ciertos cuentapropistas no han permitido la contratación de una persona por no tener dirección en la capital.

Quizás esto suceda debido al desconocimiento legal, aunque no solo ocurre en el plano laboral. La policía casi siempre peca de lo mismo. Si eres oriental y no tienes dirección habanera, casi seguro su actitud hacia ti te hará sentir como si fueras un criminal. Generalmente, lo primero que hacen es pedir la transitoria (como si de una visa se tratara). No son capaces de preguntar si la persona es residente en la capital, si está de paseo o si acompaña a algún familiar hospitalizado.

Dejar atrás la casa, la familia, la pequeña porción de patria que te vio nacer, siempre será un acto de valentía que traerá consigo numerosos desafíos. Enfrentarse a otra realidad, aunque sea dentro del mismo país, es ya una carga bastante ardua como para sumarle cualquier actitud discriminatoria. Es hora de quitar el matiz peyorativo que se aplica a algunos por ser de un lugar o de otro; al fin y al cabo, somos seres humanos, hijos de una misma tierra, con las mismas dificultades, tristezas, anhelos y aspiraciones.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de noviembre: Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Lc 23,35-43

“...Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino”.

Lunes: Dn 1,1-6.8-20 / Interl. Dn 3,52-56 / Lc 21,1-4

“...ha echado todo lo que tenía para vivir”

Martes:  Dn 2,31-45 / Interl. Dn 3,57-61 / Lc 21,5-11

“...Estén sobre aviso y no se dejen engañar...”.

Miércoles:  Dn 5,1-6.13-14.16-17.23-28 / Interl. Dn 3,62-67 /Lc 21, 12-19

“Manténganse frmes y se salvarán”.

Jueves:  Dn 6,12-28 / Interl. Dn 3,68-74 / Lc 21,20-28

“...verán al Hijo del Hombre venir en la nube...”.

Viernes:  Dn 7,2-14 / Interl. Dn 3,75-81 / Lc 21,29-33

“...mis palabras no pasarán”.

Sábado:  Rm 10,9-10 / Sal 19 (18) / Mt 4,18-22

“...dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”.

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