desaparecidosWeb“Algo habrá hecho”. Eso pensaría la gente al ver a Jesús cuando se lo llevaban preso. Asimismo, al ver cómo lo humillaban y lo torturaban, dirían: “Seguro que no era ningún santo”. Si no fuera por el alboroto de las mujeres que no dejaban de gritar y llorar, muchos ni siquiera se hubiesen fijado cuando los soldados lo obligaron a caminar por las calles de Jerusalén, cargando la cruz con que lo iban a matar.

Algunos, por la morbosidad, habrían ido hasta el Gólgota  para verlo morir, pero la mayoría simplemente siguió con su rutina. Hubo a quien le dolió ver cómo sufría Jesús, pero pensó: “Imagínate, ¿qué puedo hacer yo? Mejor no meterse en problemas”. Pronto se olvidaron de Aquel que, de hecho, era inocente y entregaba su vida por ellos. Eso fue hace dos mil años, pero sigue pasando.

El 25 de marzo celebramos el Día Internacional de solidaridad con las personas detenidas o desaparecidas. Este año, la fecha cae justamente en el inicio de Semana Santa, como para hacernos ver esa conexión y recordar que Jesucristo es el primero en solidarizarse, sin preguntar si hubo culpa o no: “Estuve en la cárcel y viniste a verme” (Mt 25:36).

¿Qué podemos hacer, como comunidad cristiana, para responder a esa invitación de Jesús? ¿Cómo podemos apoyar a los presos de nuestra población? (sin olvidar a sus familias, que también sufren).

A nivel más amplio, la Doctrina Social de la Iglesia nos propone una reflexión acerca del sistema de justicia en sí. La autoridad política es necesaria para garantizar el orden, de una manera conforme a la dignidad de la persona humana.  Eso incluye, legítimamente, imponer penas a quienes rompen con las reglas fundamentales de la convivencia.

Pero ojo: las penas no deben enfocarse tanto en reprimir el mal comportamiento, como en remediar el desorden, tratando de promover la rehabilitación de las personas condenadas y restaurar las relaciones armoniosas.  En todo momento debe respetarse la dignidad y los derechos humanos, incluso de los que han cometido algún crimen. Y cuando una ley civil está en contradicción con la ley moral de Dios y la razón, el ciudadano tiene el derecho, e incluso el deber, de desobedecer y defender lo correcto (sin violencia, siempre que sea posible).

Para terminar, por si esto le llegara a alguna persona que está en la cárcel, he aquí unas palabras de ánimo: No estás solo, el mismo Dios está contigo, y sabe por lo que estás pasando. Como Jesús, también San Pablo, Mandela y muchos otros, lograron aprovechar el presidio para llegar a ser plenamente libres, porque la verdadera libertad es algo interior en ti, que nadie te puede quitar. Rezamos por ti y tus compañeros de prisión; animamos a la comunidad cristiana a que haga lo posible por visitarte y velar por el respeto a tu dignidad.

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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