ceroDiscriminacionWebHoy enfrentamos el gran desafío de construir juntos una sociedad donde la exclusión sea eliminada y la diferencia no solo sea respetada, sino que se reconozca su riqueza y el valor que tiene el ser capaz de aprender de ella.

Nuestra Iglesia cubana también enfrenta este desafío. Mirando al interior de nuestras comunidades podemos preguntarnos: ¿cuál es nuestra actitud ante aquellos que vemos como "diferentes"? Esa diferencia toma el rostro de raza, clase socioeconómica, género, enfermedad, lugar de nacimiento, discapacidad física o psicológica, creencia religiosa, etc.

¿Cómo nos relacionamos con los que entran a nuestras iglesias con una apariencia de sencillez y hasta quizás un poco mal olientes; con los que sufren enfermedades mentales o son víctimas del alcohol; con aquellos que en un momento determinado abandonaron sus prácticas religiosas y luego volvieron; o con los sincréticos; los homosexuales y tantas jóvenes en prostitución? Estas son realidades a las que lamentablemente no siempre respondemos como nos invita el evangelio. El prejuicio obra de manera subjetiva y puede ser que muchas veces no seamos conscientes de una actitud discriminatoria.

Al respecto podríamos preguntarnos: ¿cómo nos sentimos cuando los hermanos pertenecientes a la religión de sustrato africano vienen a nuestra Iglesia? ¿Hemos dialogado alguna vez con ellos para entender, más allá de sus creencias, su situación y los motivos de su vivencia religiosa? Las religiones y los movimientos religiosos deben crecer en el conocimiento de sí y de las demás confesiones, para que, eliminados los temores que los oponen unos a otros y desterrado cualquier tipo de fundamentalismo, puedan colaborar juntos en la construcción de un mundo en paz basado en valores trascendentes.

¿Qué pasa si algún hermano nuevo empieza a ser líder y de pronto asume responsabilidades mayores que los que llevan años en la Iglesia? ¿Cómo reaccionamos al respecto? Debemos acoger, orientar y ayudar al florecimiento de aquellos que llegan nuevos a nuestra comunidad.

La discriminación es evidente cuando no se incluye a la persona en la vida de la Iglesia. Los judíos reclamaban ese privilegio, pero Dios rompe esa barrera e incorpora a los gentiles, a los impuros y a los inmundos.

La alternativa para todo cristiano y todo hombre de buena voluntad es entregar su vida a la transformación de la sociedad, para que cada vez más se valore a la persona por lo que es debido a su naturaleza propia y no por lo que tiene, puede o sabe, luchando por la igualdad, el servicio y la solidaridad.

Ora con la Palabra

 

Domingo 25 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mt 22,34-40

“...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma…”.

Lunes:  Ef 4,32 al 5,8 / Sal 1 / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía”.

Martes:   Ef 5,21-33 / 128 (127) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza…”.

Miércoles:  Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió de entre ellos a doce…”.

Jueves:  Ef 6,10-20 / Sal 144 (143) / Lc 13,31-35

“...al tercer día mi obra quedará consumada”.

Viernes:   Fil 1,1-11 / Sal 111 (110) / Lc 14,1-6

“...tocando al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:  Fil 1,18-26 / Sal 42 (41) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será enaltecido”.

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