medicoWebEl buen médico es aquel que domina su arte y goza de prestigio bien merecido entre sus colegas y pacientes. Cuando se expresa, lo hace con autoridad aceptada, no impuesta y ordena suavemente. Su relación con el enfermo es vertical y recuerda siempre la recomendación de Platón hace poco más de dos milenios: la relación de un monarca con sus súbditos... Al referirnos a tal galeno, emplearemos sin dudas ni discusión el término "buen médico".

Sin embargo, aunque estén fuera de dudas su vocación de servicio y calidad laboral, lo vertical de su relación con el paciente, por muy gentil que sea su autoridad, dificultará un verdadero acompañamiento. Si a este vínculo médico-paciente se añade espera, distanciamiento y premura, el acercamiento se limita en demasía y se pierde parte de sus posibilidades de ayudar.

La verdadera correlación de ayuda se establece de persona a persona. No basta la enumeración de síntomas y signos. La consulta debe ser motivacional, estableciendo un campo relacional creativo, que no reduzca la comunicación y que trascienda el diálogo establecido, humanizando el cumplimiento y supervisión del tratamiento. Son muchos los obstáculos que pueden afectar la calidad de atención al paciente, pero también es sencillo establecer una buena relación médico-paciente, para lo cual no se necesita de alta tecnología.

El médico bueno procura establecer en sus consultas una relación horizontal, entre iguales, impulsando siempre una mejor comunicación. El doctor debe ser "polígloto", no porque hable muchas lenguas, sino por ser capaz de expresarse de la mejor forma, logrando que sus pacientes comprendan con claridad su lenguaje.
Desde el punto de vista moral, al tratar un enfermo debemos tener en cuenta dos aspectos esenciales:
-el ontológico, que expresa que el enfermo es persona. Por tanto, tiene dignidad y merece respeto.

-el teleológico, que expresa las consecuencias de los actos con el propósito de que el tratamiento tenga un óptimo resultado final.

El médico cristiano tiene la encomienda de Jesús de Nazaret, ejemplo a imitar por su trato siempre misericordioso hacia las personas enfermas. Esto solo se logra tras un verdadero encuentro con Él.

Al galeno con aciertos en el diagnóstico y éxitos en su trabajo, que goza de aprecio, respeto y consideración, tanto de sus pacientes como de sus colegas, se le categoriza como un buen médico, expresión que recompensa su cumplimiento del deber.

Pero, si el médico es capaz de vencer las trabas e incomunicaciones que pueden entorpecer la relación médico–paciente y acompaña al enfermo intentando con firmeza comprender sus inquietudes, dudas e insatisfacciones y haciendo todo lo posible por sanarlo, tanto con sus palabras como con el silencio de una mirada, entonces se ganará como medalla el nombre de un médico bueno. Y esto alude a alguien hábil para curar y acompañar al que sufre e imprescindible en los necesarios cuidados paliativos que necesita una creciente población anciana para tener la mejor calidad de vida en sus últimos años.

Ora con la Palabra

 

Domingo 25 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mt 22,34-40

“...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma…”.

Lunes:  Ef 4,32 al 5,8 / Sal 1 / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía”.

Martes:   Ef 5,21-33 / 128 (127) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza…”.

Miércoles:  Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió de entre ellos a doce…”.

Jueves:  Ef 6,10-20 / Sal 144 (143) / Lc 13,31-35

“...al tercer día mi obra quedará consumada”.

Viernes:   Fil 1,1-11 / Sal 111 (110) / Lc 14,1-6

“...tocando al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:  Fil 1,18-26 / Sal 42 (41) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será enaltecido”.

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