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Es una realidad de la catequesis en Cuba que muchos niños que reciben la Primera Comunión, tras un corto periodo de tiempo, abandonan la Iglesia. Los catequistas llamamos a este fenómeno “graduación”. Se hace necesario reflexionar por qué. Desde mi humilde opinión, deseo brindar algunas pautas para disminuir esta deserción.

La primera causa de la “graduación” es cultural. La mayoría del pueblo cubano creyente asiste históricamente a la Iglesia para bautizos, comuniones, bodas y misas de difuntos, además de la fiesta patronal de La Caridad y las dedicadas a las devociones populares como San Lázaro, Las Mercedes, Santa Bárbara, etc. Es decir, celebraciones puntuales. No es raro escuchar: “Traigo al niño para que se bautice” o “Traigo al niño para que haga la comunión”. Es lo que llamo “cristiano con caducidad”, pues una vez que se cumple el objetivo para el que se trajo al niño, no hay más compromiso por parte del acompañante.

Por eso debe existir una pastoral catequética paralela a la de los niños, destinada a ese acompañante del infante que se queda aislado, en un rincón de la iglesia, esperando o que prefiere usar ese tiempo para “resolver lo que se pueda” porque no tiene una mejor opción. Formar al acompañante puede despertar esa fe adormilada, creando un compromiso personal con Cristo que le permita optar por permanecer dentro de la comunidad. Así, el niño seguirá siendo acompañado hasta que pueda asistir solo.

La segunda causa del fenómeno de “graduación” es pastoral, y suele ocurrir cuando los niños abandonan la comunidad tres o cuatro meses después de recibir el sacramento, como “deserción tardía”. En este caso, el “comulgante” siente que sigue “en lo mismo”, que nada ha cambiado, que él no puede aportar o ganar nada nuevo que lo estimule a  continuar. Entonces se debe reflexionar sobre cómo enfocar una poscomunión comprometida con la realidad de la comunidad.

Un niño de diez u once años ya no quiere sentarse a escuchar, empieza a querer hacer y siente que puede aportar. Entonces, pensemos qué servicios pueden ser asumidos por nuestros niños, que les permitan sentirse parte importante del proyecto comunitario. Sería un buen punto a debatir en los Consejos Parroquiales. Existen muchos esquemas de formación que abordan esta problemática y que, de manera planificada, ayudan al niño a descubrir los diferentes modos en que puede ser un cristiano activo, en lo eclesial y lo social. También es el tiempo de compartir la experiencia de la fe, de hacerles descubrir la universalidad de la Iglesia y la belleza de saber que en cualquier rincón del planeta existen otros niños que creen en Cristo y apuestan por el bien. Enseñarlos a amar, a salir de sí mismos y a comprometerse, ese es el reto de una poscomunión satisfactoria.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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