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El pueblo de Israel presentía la paternidad de Dios, pero, en general, no solía llamarlo Padre. En cambio, Jesús acostumbraba decirle “Abba”, y San Pablo repetía el término en arameo según lo pronunciaba Jesús (Ro 8,15).

Si fuéramos a Jerusalén, contemplaríamos a niños agarrados de las manos de hombres adultos a quienes llaman “Abba”, que traducido al español es: papá, papito, papi, pa, y otras palabras semejantes. Nadie se hubiera atrevido a llamar así a Dios de no haberlo hecho Jesús, ya que los israelitas evitaban pronunciar el nombre santo de Dios. En su lugar, se servían de paráfrasis o circunlocuciones como el Altísimo, el Santo, la Gloria, el Nombre. Esta expresión, Abba, denota la confianza y cariño de un niño o niña hacia su papá.

Ya Dios se había manifestado como un padre más que amoroso en el Antiguo Testamento, y lo indica también con loa rasgos del cariño materno: “¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho sin compadecerse del hijo de sus entrañas?” (Is 49, 15-16); “Como un niño a quien consuela su madre, así yo los consolaré” (Is 66,13).

Con esta confanza del niño en su papá, Jesús exclama desde la cruz: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 4-6), y también desde la cruz este amor sentido lo comparte con sus mismos crucifcadores. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23-43).

Dios es nuestro Abba. Nos creó a su imagen y semejanza en el seno materno por el amor de nuestros padres. Somos sus hijos por el bautismo y nuestros nombres están inscritos en el libro de la vida. Nos ha ungido con el Espíritu Santo en la Confirmación. Nos alimenta con el Cuerpo y
Sangre de su Hijo, nos perdona por horribles que sean nuestros pecados y nos tiene reservado un lugar en la casa del cielo que nos pertenece por derecho propio, ya que somos sus hijos. Quiere que el amor de los esposos sea signo de su amor fiel a sus hijos.

Los papás y mamás, que sienten un cariño extraordinario hacia sus hijos
ya en el seno materno, en el nacimiento, el crecimiento, las alegrías, las enfermedades y aun en la hora de la muerte de sus hijos―, pueden acercarse un poco a la comprensión del amor de Dios Padre que nos acompaña siempre como un Abba.

En ocasiones, hay hijos crecidos sin cariño paternal. Miren al Papito Dios, déjense abrazar por Él y conviértanse en el papá de aquellos que, como ustedes, sufren la falta
del afecto paternal. Gracias, papás, por mostrarnos con su amor cómo Dios nos quiere. Gracias, mamás, por ayudarnos a imaginar el amor sin límites del Abba Dios.

“Miren cómo nos amó el Padre. Quiso que nos llamáramos hijos suyos y lo somos realmente” (1 Jn 3,1), y todas las noches, antes de dormir, los que vivimos en la casa, cogidos de las manos, recemos: Padre Nuestro…

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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