Todo-es-de-ustedes

El jueves siguiente al domingo de Pentecostés es la fiesta litúrgica de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Esta celebración nace del corazón de don José Ma. García Lahiguera, arzobispo de Valencia, cuando soplaban vientos contrarios a la vocación y vida sacerdotal. El entonces papa Pablo VI asume este bendito deseo e instituye la festividad. Cristo es víctima, sacerdote y altar, como reza el prefacio V de Pascua, y en esa gracia y misterio vive todo el pueblo santo de Dios, y también el laicado.

Las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la vida y misión de los laicos esclarecieron siglos de dualidad y hasta de sumisión, al estilo de clases sociales, por las influencias mundanas en la vida de las comunidades y en sus estructuras pastorales. Pero cada vez más consciente de su misión e identidad, la Iglesia va transformando las fronteras existentes entre ministerio y feles, para volverse más participativa desde una pastoral abierta e inclusiva. Y así también, animados por el desarrollo e implementación de la sana Doctrina Social de la Iglesia, se suscitan iniciativas que favorecen modelos sociales de inspiración evangélica.

Es un error educar y animar la vocación laical desde el mandato de los pastores, sin acompañamiento y sintiéndose al margen. Somos un cuerpo “distinto y armónico” (cf. LG 32), como lo expresó san Agustín: “Para ustedes, soy obispo; con ustedes, soy cristiano. Aquel es el nombre del cargo, este el de la gracia; aquel el del peligro; este, el de la salvación”.

Mucho tiempo ha durado esa dicotomía entre la vida de la fe y la vida social de la fe en los laicos. Perseguidos, señalados, llevando responsabilidades familiares y laborales, en medio de un destino social incierto, el laicado sigue “durmiendo” en su misión y soñando un cambio económico, social y político del que no es protagonista porque no lo descubre como misión evangelizadora.

Uno de los valores visibles de la Iglesia que peregrina en tierras cubanas es el de “volver a comenzar” en lo poco, sencillo, anónimo y gradual de nuestras pastorales y comunidades cristianas. Ahí está la fidelidad en medio del silencio de la noche oscura, esperando ver salir cada mañana el “Sol que nace de lo alto” (de “Benedictus”, cántico de Zacarías, Laudes).

Así, la Iglesia Católica en Cuba debe volver su mirada insistentemente sobre sus laicos y hacer que descubran los tesoros más preciados que se les han entregado: la palabra de Dios, la eucaristía, la administración de los pobres bienes comunitarios que poseemos y el destino de la patria. Entonces, contemplando a Cristo Sacerdote, el laico cubano se descubrirá como “otro Cristo”, cireneo de su realidad social y peregrino de Emaús que regresa siempre entusiasmado porque arde su corazón cuando, con Jesús y desde Jesús, explica las Escrituras y parte el pan, haciéndose el encontradizo de cada hombre y mujer de esta tierra.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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