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Después de 130 años de publicado el ensayo “Nuestra América” de José Martí, sigue siendo motivo de citas y valoraciones. Aparecido originalmente el 1 de enero de 1891 en La Revista Ilustrada de New York y después el 30 del propio mes en El Partido Liberal de México, alcanzó rápida difusión.

Ha sido ampliamente estudiado, desde lo estilístico y lo conceptual, convirtiéndose en uno de los textos martianos de contenido político más conocidos fuera de Cuba. Ha trascendido, en esencia, por su análisis descarnado de la realidad latinoamericana a través de una prosa profunda, poética e impresionista.

Lo primero que establece es un concepto sobre el individualismo de la sociedad y un llamado a asumir la necesidad de unión sobre la base de las peculiaridades de la América al sur del Río Bravo, a la que diferencia de la que está al norte.

A simple vista, y dejándonos llevar por el entusiasmo martiano, bastaría entender esa necesidad y asumir esos ideales para que una confederación de naciones del sur se hiciera presente en el escenario continental. Mas, ¿por qué no ha sido posible?

En principio, ha de entenderse que los Estados Unidos no formarían parte de ese conglomerado de naciones, aunque no por ello se negara su incidencia en el desarrollo del ente supranacional. Esa circunstancia, ya perceptible en la época de Martí, con el transcurso de los años y el desarrollo tecnológico y financiero de Norteamérica, ha establecido una relación con América Latina que hace extremadamente compleja su exclusión; más aún cuando la influencia en la cotidianidad cultural y social ha posicionado al “Gigante de las Siete Leguas” como ideal de vida, tal como se aprecia en las enormes caravanas que día a día marchan buscando cruzar las fronteras estadounidenses.

Hoy el desarrollo desigual de los pueblos del sur, en lo interno de sus sociedades, hace muy difícil una integración, pues unos quedarían como meros receptores de lo que otros quisieran suministrar.

De igual modo, aunque la extensión del idioma español
en el territorio puede otorgarle la categoría de “lingua franca”, no se puede echar a menos la presencia del portugués,
el francés, las diversas muestras de “creoles” y un sinnúmero de lenguas locales que complejizan la consecución del
propósito a partir de los elementales procesos comunicativos y, ¡por supuesto!, de la multiplicidad cultural que deriva.

Voluntad de agrupación hay, pero de unión no. Incluso el PARLATINO ha enfrentado en su desempeño numerosos tropiezos para consolidarse; lo que no quita importancia a la necesidad de potenciar y arraigar los rasgos que nos distinguen como una identidad regional con matices y posibilidades distintos a Estados Unidos o Europa, de manera tal que podamos gestionar con suficiente autonomía nuestros destinos.

No se trata de sacar a Estados Unidos del sofá, sino de, como los caballeros civilizados y de buen corazón del Rey Arturo, sentarnos todos en la Mesa Redonda
.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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