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El carácter vitalicio que asumen ciertas injusticias hace de quienes las sufren víctimas constantes, de cuantos las soportan estoicamente, anzuelos de su propio silencio y de quienes las practican, viles empoderados. Cualquier forma de rebelión contra “lo establecido” suele tener detrás un historial de arbitrariedades que no se percibió como prioridad, fueron silenciadas o sostenidas por las propias estructuras que debieron garantizar el respeto a la legalidad y a la dignidad de la persona. Por eso, quienes han experimentado la continua violación de sus libertades, a menudo deben escoger qué tipo de pacto desean establecer con la vulneración, legitimada en múltiples maneras y contextos. Es así que entendemos a una Rosa Parks que con su NO sacudió a una nación entera.

Su historia habría pasado desapercibida sin aquella negativa que protagonizó esta ciudadana negra de Montgomery, Alabama. Cuando en 1955 el chofer del autobús público le pidió que cediera su asiento a un hombre blanco, la sencilla costurera se negó a continuar viviendo como ciudadana de menor condición: su reclamo era contra el inmovilismo y la discriminación.

Para Parks, el camino hacia la cruz comenzó siendo niña, con esquemas sociales “normales”, capaces de infligir dolor: los autobuses escolares llevaban a los estudiantes blancos, mientras ella y sus amigos debían caminar por kilómetros; su instituto fue incendiado dos veces; creció viendo a un abuelo apostado frente a la casa con una escopeta mientras el Ku Klux Klan marchaba por las calles; había educación para los negros, pero siempre carente de fondos suficientes, además de leyes que validaban la herencia de la esclavitud. Quedarse sentada fue su desaprobación a seguir naturalizando las situaciones de injusticia.

Lo que suscitó luego de su arresto resulta también aleccionador: a nadie se debe agradecer o mendigar los derechos. La población negra de Montgomery comenzó un día a negarse a tomar el transporte público. Las autoridades pensaron que duraría poco, pero se convirtió en más de un año de protestas pacíficas. Encontraron otras alternativas para transportarse, caminaron por kilómetros diariamente, pero no se dejaron arrebatar a Rosa. Y la ley sucumbió.

Las prácticas segregacionistas, respaldadas en muchos corpus legales, aun hoy perjudican a minorías y a grupos para nada minoritarios. Parks nos legó un reclamo de respeto a los derechos ciudadanos, y el que las actitudes cívicas de reclamo ante lo injusto pueden hacer mejores sociedades.

La coherencia de una sencilla ciudadana y su gente movilizó una fuerza transformadora por la que padecieron maltratos, humillación, descrédito y no poca violencia; sin embargo, de esta vejación floreció una dinámica de vida y verdad cuando parecía que la injusticia y el miedo eran irrevocables, para suscitar mayor entendimiento, paz y dignidad para todos.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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