Santidad-y-poder

Entre las palabras santidad y poder no se produce una asociación natural como la que puede existir entre  santidad y humildad. No solemos asociar el poder político con un camino de encuentro con Dios. Hemos visto cómo las tentaciones propias del poder hacen de lo político una excusa para el aprovechamiento personal en detrimento del bien común. Jesús mismo fue tentado en el desierto con las mieles del poder  político; recordemos: “(…) lo llevó a una cima y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. El diablo  le dijo: (…) si te postras ante mí, todo será tuyo” (Lc 4, 5-8). Más adelante, en plena predicación del Reino, Jesús rechazó el ejercicio del poder “opresivo y despótico de los jefes de las naciones” (Mc 10, 42; cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 379, en adelante: CDSI), pero ciertamente no condenó el  ejercicio del poder político en sí mismo (cf. Mt 22, 15-22). El uso del poder político, si se orienta a su fin más  propio, la búsqueda y defensa del bien común, no tiene por qué ser obstáculo a la santidad. Entonces, ¿cómo  entiende la fe cristiana que un político puede vivir una vida santa?

El CDSI nos dice que “el fundamento y fin de la política es la persona humana” (384). Esto significa, desde la  perspectiva cristiana, que quien ejerce el poder político ha de “trabajar, ante todo, por el reconocimiento y el  respeto de la dignidad humana mediante la tutela y la promoción de los derechos fundamentales e  inalienables del hombre” (388). Porque “en los derechos humanos están condensadas las principales  exigencias morales y jurídicas que deben presidir la construcción de la comunidad política” (388).

Podemos deducir al menos tres elementos del camino de santidad que se pueden vivir en el ejercicio del poder. Primero, el Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti afirma que cuando el político “se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en el campo de la más amplia caridad,  la caridad política” (188); por tanto, el ejercicio del poder que genere fraternidad y amistad social es camino de colaboración con el Reino de Dios y, por tanto, apunta  a la santidad. Segundo, esa misma caridad “es siempre un amor preferencial por los últimos, y está detrás de todas las acciones que se realicen a su favor” (187); un  camino, pues, de santificación en la acción política transita por la activa, eficaz y comprometida preocupación por los más vulnerables. Su olvido, al contrario, es signo de lejanía del Dios que anuncia Jesús en los evangelios.

Por último, “la caridad política se expresa también en la apertura a todos” (190), de aquí que el diálogo respetuoso de las diversas posturas se hace una herramienta  necesaria para el sano ejercicio político. Así, el poder traspasado por el hondo deseo y eficaz búsqueda del bien común puede ser el camino de muchos a la santidad.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mc 10,46-52

“...tu fe te ha salvado”.

Lunes:  Rm 8,12-17 / Sal 68 (67) / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba...”.

Martes:   Rm 8,18-25 / Sal 126 (125) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza...”.

Miércoles:   Rm 8,26-30 / Sal 13 (12) / Lc 13,22-30

“...muchos tratarán de entrar y no lo lograrán”.

Jueves:   Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió a doce de ellos...”.

Viernes:   Rm 9,1-5 / Sal 147 (146-147) / Lc 14,1-6

“...se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:   Rm 11,1-2a.11-12.25-29 / Sal 94 (93) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será ensalzado”.

Suscripción al boletín

Si desea recibir la publicación en formato digital, solicítelo a la dirección: vidacristianaencuba@gmail.com.