En-tiempos-de-pandemia

Convivir con la COVID ha puesto a prueba nuestros cimientos humanos. Lo que comenzó con unas semanas en casa, se convirtió en meses de incertidumbre. Muchos hogares vivieron una difícil elección: exposición al riesgo o más carencias económicas. Luego, reformas salariales y monetarias; alza de los precios; escasez de medicamentos y productos vitales; nueva cepa; rapidez de los contagios.

Este tambalearse de las certezas también fue una realidad para muchos santos de nuestra tradición.
De ellos heredamos algunos principios para sostener una espiritualidad activa y esperanzadora.

Cuando la epidemia de la peste bubónica se desataba en la Francia del siglo XVII, san Vicente de
Paúl y sus misioneros conocían, además, la guerra y la hambruna. En pocos días mueren miles de personas.
Los enfermos son recluidos y separados en los hospitales, las casas desinfectadas, las noticias poco alentadoras… En sus cartas, Vicente dice sentirse “abrumado por el dolor”. El aumento de la pobreza es lo que lo lleva a despertar de su letargo de sufrimiento y desesperación. Una de sus primeras recomendaciones consistía en el acompañamiento de los pobres, por difíciles que fueran las circunstancias. Asimismo, aconsejaba creatividad y prudencia. En misiva a su amigo, el superior de Turín, sugiere: “modere lo que hace y obtenga toda la ayuda que pueda”.

Cómo manejar este tiempo, amparando a otros, sin olvidar el propio espacio interior, parece ser otra clave de la vida en tiempos de pandemia. El grande de Hipona, san Agustín, veía estos momentos para lo cotidiano fundamentales para valorar el transcurso del tiempo como realidad física y espiritual. Al aquietar el ritmo de nuestra vida y llegar al “lugar natural de reposo del alma”, tomamos conciencia de la existencia actual y el modo en que aspiramos a la definitiva, en qué ponemos nuestro empeño y qué hemos descuidado.

Para santa Catalina de Siena encontrarse en un contexto de crisis fue propicio para descubrir su propia vocación. En su juventud más de la tercera parte de la población de su ciudad murió a consecuencia de la peste negra. De cara al sufrimiento   y la incertidumbre, decidió asumir como regla de vida los dos
mandamientos fundamentales. En el amor a Dios comenzaron
sus virtudes y en la caridad hacia el prójimo se manifestaron.

En todo caso, el sufrimiento y la posibilidad de la muerte pueden ser una oportunidad para volver a lo esencial que nos configura, que nos habla de ese anhelo oculto que duerme en cada cual: Dios. La pandemia (y la usual crisis que acompaña a una enfermedad global) ha evidenciado que cuanto conocemos puede desaparecer, y esto es crucial para reavivar valores perdidos o transformar estilos de vida. Igualmente, nos ha devuelto al espacio doméstico; y al volverse un camino individual, pero también comunitario, ha revelado las grietas de nuestros pilares como sociedad. Dejarse interpelar por esta nueva realidad, como lo hicieron los santos, puede convertirse en una experiencia de crecimiento y en un camino para la continua conversión del corazón.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Mc 8,27-35

“...El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”

Lunes:  1 Tm 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“Al oír estas palabras, Jesús quedo admirado…”

Martes: Exaltación de la Santa Cruz
 
Nm 21,4b-9 o Fil 2,6-11 / Sal 78 (77) / Jn 3,13-17

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único…”

Miércoles:   1 Tm 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”

Jueves:   1 Tm 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”

Viernes:   1 Tm 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-3

“...iba recorriendo ciudades y aldeas predicando…”

Sábado:   1 Tm 6,13-16 / Sal 100 (99) / Lc 8,4-15

“...la guardan y, perseverando, dan fruto”

Suscripción al boletín

Si desea recibir la publicación en formato digital, solicítelo a la dirección: vidacristianaencuba@gmail.com.