Sagrado-CorazonJesus

Es frecuente que en nuestros mensajes por las redes sociales circulen stickers o gifts de corazones latiendo. Es nuestro modo de expresarnos, unos a otros, el amor que sentimos. En épocas pasadas los enamorados reflejaban su amor tallando corazones entrelazados en un árbol o pintándolos en alguna pared. Es que desde siempre el corazón ha sido el símbolo de este profundo sentimiento.

También el amor de Dios lo reflejamos con esta imagen tan elocuente. Un amor tan grande e incondicional que ha querido encarnarse, hacerse humano como nosotros, sensible, compasivo, fiel, capaz de perdonar, de sufrir y padecer por hacer el bien a aquellos que ama, aún a costa de su propia vida.

La imagen del Corazón de Jesús ha presidido los hogares cubanos por décadas, hasta que alguien lo señaló como algo mal visto. Pero, en muchas casas, aunque conservado en lugares menos visibles, no fue desalojado de los propios corazones. Las abuelas se encargaron de enseñar a sus nietos qué representaba aquella imagen de Jesús de Nazaret con un rojo corazón atravesado por espadas y rodeado de una corona de espinas. Contemplar esta imagen invita a tener “los mismos sentimientos” que Cristo, como nos enseña San Pablo en la carta a los Filipenses (2, 5-11).

Esta devoción data de la Edad Media, pero cobra mayor énfasis en el siglo XVII a través de Santa Margarita María Alacoque, a quien Jesús le dice: “Mira este corazón mío, que a pesar de consumirse en amor abrasador por los  hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud, aún en el mismo sacramento de mi amor”. Y le revela las gracias que se recibirían si se le orara con profunda fe, afirmándole: “Mi Corazón reinará a pesar de mis enemigos”. Su confesor, San Claudio de la Colombière, difunde la devoción al Sagrado Corazón, que llega a España y América a través de los jesuitas, haciéndose popular, sobre todo, por el Apostolado de la Oración.

El Papa León XIII consagrará el mundo al Sagrado Corazón de Jesús el 11 de junio de 1899, luego de reconocer el valor de esta devoción en su encíclica Annum Sacrum (Año Sagrado). Pío XII desarrolla su culto en la encíclica Haurietis Aquas (Sacarán aguas). El Catecismo de la Iglesia Católica retoma un párrafo de esta encíclica para fundamentar la pertinencia de esta devoción: “Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: «El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Ga 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación (cf. Jn 19, 34), es considerado como el principal indicador y símbolo del amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a toda la humanidad”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Mc 8,27-35

“...El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”

Lunes:  1 Tm 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“Al oír estas palabras, Jesús quedo admirado…”

Martes: Exaltación de la Santa Cruz
 
Nm 21,4b-9 o Fil 2,6-11 / Sal 78 (77) / Jn 3,13-17

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único…”

Miércoles:   1 Tm 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”

Jueves:   1 Tm 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”

Viernes:   1 Tm 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-3

“...iba recorriendo ciudades y aldeas predicando…”

Sábado:   1 Tm 6,13-16 / Sal 100 (99) / Lc 8,4-15

“...la guardan y, perseverando, dan fruto”

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