La-Búsqueda-de-Dios

Resultará difícil para ciertas mentes entender que se escriba sobre problemas que nada parecen aportar a nuestro contexto actual. Y es que la polémica en torno a la preponderancia de la materia o el espíritu, la existencia de Dios o la búsqueda de una materia infinita o eterna, parecen dilemas sin significación alguna en una época plagada de dificultades y preocupaciones apegadas a nuestras existencias finitas.

Los cristianos de hoy, como los colosenses de antaño, seguimos siendo exhortados por San Pablo de Tarso: busquen los bienes de arriba (cfr. Col 3, 1-5). Es decir, buscar a Dios ante todo y saciar la sed que de su presencia tenemos, porque no hay nada puramente terreno que nos pueda llenar el alma. Nuestra ansiedad de paz, felicidad y bienestar solo se completa en la intimidad de cada alma con su Creador. Ello no pretende desestimar los bienes que nos aporta el día a día, sino, como señala San Buenaventura, debemos encontrar en ellos el dedo de Dios, hallar en la propia creación el camino que a Él nos conduce, ejerciendo así la liberación de todo tipo de esclavitud interior.

San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino, desde posturas metodológicas diversas, pero iluminados por la Verdad, ponían en clave cristiana los postulados platónicos y aristotélicos sobre la dicotomía entre el cambio y la eternidad. Eran las demostraciones pioneras de la existencia de Dios desde la razón, que siglos después continuarían gravitando en las obras de Blaise Pascal, Gottfried W. Leibniz, Pierre Teilhard de Chardin, SJ y Bertrand Russell.

Sobradas razones tenía entonces la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia, cuando convocó al diálogo entre Gerardo Remolina SJ, teólogo, filósofo y antiguo rector, y el científico británico Richard Dawkins. La pregunta que dio título a este encuentro, “¿Es Dios una ilusión?”, parecía ser la conclusión de siglos de sedimentación intelectual en torno a estos temas. Se confirmaba de esta manera que no ha muerto en la inteligencia colectiva la aspiración por la trascendencia, pese a que han cambiado los recursos argumentativos y los paradigmas.

El debate Remolina-Dawkins centra la atención en el origen del universo, la cuestión de la eternidad de la materia. Esta cuestión ontológica, que ha sobrevivido en la epidermis de todas las épocas, no solo es una pregunta hacia la conformación de lo externo, sino también un cuestionamiento hacia nuestra identidad, nuestro ser. Así lo describe en su obra Sobre el ente y la esencia Tomás de Aquino: “tan relevante es la esencia que afirma lo que es la sustancia como la existencia o acto de ser”.

La interrogante sobre Dios no es para los cristianos indagar sobre una figura lógica o una causa primera, desligada de aquello que ha causado. Es una invitación a contemplar un Amor que no se agota y no se contradice, que ha dejado sus huellas en sus creaturas como expresión de su cercanía a ellas. El reto es encontrar esas huellas.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mc 10,46-52

“...tu fe te ha salvado”.

Lunes:  Rm 8,12-17 / Sal 68 (67) / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba...”.

Martes:   Rm 8,18-25 / Sal 126 (125) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza...”.

Miércoles:   Rm 8,26-30 / Sal 13 (12) / Lc 13,22-30

“...muchos tratarán de entrar y no lo lograrán”.

Jueves:   Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió a doce de ellos...”.

Viernes:   Rm 9,1-5 / Sal 147 (146-147) / Lc 14,1-6

“...se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:   Rm 11,1-2a.11-12.25-29 / Sal 94 (93) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será ensalzado”.

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